Fernando Grande-Marlaska, uno de nuestros peores ciudadanos, aprovechó su comparecencia, este viernes, en el Congreso, para condenar la violencia contra los inmigrantes y contra quienes les asisten, en clara alusión a la Cruz Roja, que el jueves 27 tuvo que retrasar la entrega de alimentos en la playa de El Trampolín, por el bloqueo de los ciudadanos ceutíes.
“No es el camino”, afirmó el ministro del Interior que, sin embargo, no condenó, ni la emboscada a cuatro militares españoles por parte de 30 inmigrantes ilegales, ni la agresión de dos marroquíes a dos guardias civiles, en el puerto de la ciudad.
Acierta Marlaska en llamar a la calma, pero resulta de un cinismo sin precedentes hacerlo mientras se prohíbe a la Policía Nacional, a la Guardia Civil y al Ejército el empleo de la fuerza para garantizar el orden. Es más, el ministro insistió en calificar a Marruecos, el invasor, de “socio leal” de España.
Durante su comparecencia, Marlaska volvió a demostrar que no es amigo de la verdad. Cifró en 72.000 los asaltantes del día 30 de los que, según él, volvieron 70.000 el mismo día. Aun así, cifró en 5.000 los que aún permanecen en Ceuta. Fernando, hay que prepararse mejor las comparecencias, aunque sean en agosto. Además, anunció 35 millones de euros para ampliar los espigones ceutíes, una promesa sencilla de hacer pero que seguramente, conociendo al personaje y al Gobierno del que forma parte, no cumplirá.
Al margen de Marlaska, el Gobierno llegó este viernes a un acuerdo con Ceuta para acoger a los inmigrantes en nuevos espacios, tras descartar los polideportivos. Eso sí, el nuevo listado no se conocerá hasta el próximo martes, que el Consejo de Ministros apruebe el Real Decreto correspondiente. Moncloa vende que el acuerdo entre Ángel Víctor Torres y Juan Jesús Vivas ha sido por “unanimidad”. Claro, si la opción es que sigan deambulando por las calles y las playas… Pero el primer compromiso del Gobierno no fue ese, sino la devolución de los invasores, como pedía Bruselas.











