La persecución al automóvil en Occidente, con excusas varias como el supuesto cambio climático o profundizar en la etérea "sostenibilidad medioambiental", es una realidad cada vez más flagrante.

Pero detrás de ello parecería que hay una intención: restringir la libertad de los ciudadanos cada vez más, al hilo de la Agenda 2030 y su 'No tendrás nada y serás feliz'.

El hecho es que al coche, sobre todo al de combustión, se le ponen cada día mas pegas para circular, se incrementan los carriles bici en todas las ciudades (con la consiguiente disminución de espacio para que circulen los coches), los ayuntamientos ponen en marcha las supuestas Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), restricciones de aparcamiento, así como la implantación de peajes urbanos en algunos lugares y políticas para favorecer transporte público, bicicleta o desplazamientos a pie.

Y lo último, que ya es el colmo, es la regulación de la Comisión Territorial de Urbanismo del Ámbito Metropolitano de Barcelona (dependiente de la Generalitat de Cataluña, concretamente del Departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica) que busca que los nuevos edificios destinados a viviendas, si están cerca de medios de transporte público, tengan limitadas las plazas de garaje.

Es decir, que lo que se busca es "desincentivar" el uso del coche privado, como ha reconocido Sílvia Paneque, la consejera de Territorio, el área responsable de urbanismo en la Generalidad.

Más que desincentivar se podría hablar de imponer el no uso del coche privado. Otra vez atacando la libertad individual de personas y familias. Hacia una nueva tiranía…

La pregunta que hay que hacerse es: ¿Las familias van a querer ir a esas casas, si no tienen garaje? A lo mejor la realidad le propina un bofetón a las intenciones de los políticos…