
Nadie como Elvis Presley ha entendido mejor lo que es pedir la ayuda del Señor en su mítica canción 'Take my hand, precious Lord'
Nadie como Elvis Presley ha entendido mejor lo que es pedir la ayuda del Señor en su mítica canción Take My Hand, Precious Lord.
El Evangelio del pasado domingo 9 (Mateo 14, 22-33) nos presenta a los discípulos en medio de la noche, sacudidos por el viento y las olas, obedeciendo el mandato del Señor de pasar a la otra orilla, donde Él se reuniría con ellos. Diréis: «¿Qué tiene que ver Elvis con san Pedro?». Lo veréis un poco más adelante. La necesidad de acudir al Señor se extiende a todos los hombres.
Es una imagen muy cercana a nuestra vida: también nosotros atravesamos momentos de oscuridad, incertidumbre, cansancio o miedo, como dice la canción de Elvis. A veces parece que la barca de nuestra fe se tambalea y que Dios tarda en llegar; entonces, desesperados, gritamos: ¡Sálvanos, Señor!
La fe no consiste en vivir sin dificultades, sino en descubrir que Cristo está con nosotros dentro de ellas
Pero Jesús se acerca precisamente en medio de la tormenta. No espera a que todo esté tranquilo para hacerse presente. Su palabra es clara: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Esta frase resume una gran enseñanza del Evangelio: la fe no consiste en vivir sin dificultades, sino en descubrir que Cristo está con nosotros dentro de ellas.
Pedro se atreve a caminar hacia Jesús, pero, al fijarse en la fuerza del viento, comienza a hundirse. Esto nos pasa también a nosotros: cuando miramos más al problema que al Señor, el miedo crece y la confianza se debilita. Sin embargo, Pedro no se salva por sus fuerzas, sino porque grita: «Señor, sálvame». Esa oración sencilla y sincera nace de quien reconoce su fragilidad y se abandona en manos de Dios.
Jesús extiende la mano y sostiene a Pedro. Antes de reprocharle su poca fe, lo salva. Este detalle es fundamental: Dios no nos abandona cuando dudamos. Nos toma de la mano, nos levanta y nos invita a confiar más. La fe madura no es la de quien nunca siente miedo, sino la de quien, aun temblando, sabe acudir al Señor.
Este pasaje nos invita a no dejar que las tempestades nos hagan olvidar la presencia de Cristo. Cuando sintamos que nos hundimos, podemos hacer nuestra la oración de Pedro: “Señor, sálvame” y confiar en que Jesús siempre extiende su mano para sostenernos.
Dios no nos abandona cuando dudamos. Nos toma de la mano, nos levanta y nos invita a confiar más
Nadie como Elvis Presley ha entendido mejor lo que es pedir la ayuda del Señor en su mítica canción Take My Hand, Precious Lord. Si no la conocéis, buscadla y escuchadla: la emoción que pone en ella os hará sentir cómo el Señor siempre tiende su mano a quien lo necesita. Dice así:
Precious Lord, take my hand
(Magnánimo Señor, toma mi mano)
Lead me on, let me stand
(Guíame, mantenme en pie)
I´m tired, I´m weak, I´m lorn
(Estoy cansado, soy débil, estoy perdido)
Through the storm, trough the night
(En la tormenta y en la noche)
Lead me on to the light,
(Guíame a la luz)
Take my hand, Precious Lord
(Toma mi mano, Magnánimo Señor)
Lead me home
(Llévame a casa)
If my way grows drear
(Si mi camino se vuelve oscuro)
Precious Lord, linger near
(Magnánimo Señor, quédate cerca)
When my life is almost gone
(Cuando mi vida se acabe)
Hear my cry, hear my call
(Oye mi llanto, oye mi llamada)
(Toma mi mano para que no caiga)
(Toma mi mano para que no caiga)
Lead me home
(Llévame a casa)
Lead me on, let me stand
(Guíame, mantenme en pie)
I´m tired, I´m weak, I´m lorn
(Estoy cansado, soy débil, estoy perdido)
Trought he storme, trough the night
(En la tormenta y en la noche)
Lead me on the light
(Llévame a la luz)
Take me hand preciuos Lord
(Coge mi mano, Magnánimo Señor)
Lead me home
(Llévame a casa)
Como veréis todos pedimos la Ayuda del Señor, pues sin Él no podremos terminar el Camino en el que siempre con Él nos encontraremos y que nos llevará a la morada eterna.









