Sr. Director:

Recientemente el Parlamento Europeo ha aprobado una resolución que incluye el término "cristianofobia" como categoría formal de discriminación religiosa. Además, insta a la Comisión Europea a designar un coordinador específico para combatirla, en paridad con los ya existentes para el antisemitismo y la islamofobia.

Queda definida la "cristianofobia" como "todo acto de violencia, discriminación, hostigamiento, vandalismo o discurso de odio dirigido contra personas, símbolos o lugares de culto cristianos".

Los políticos conservadores europeos y otros defienden con firmeza las enmiendas correspondientes, argumentando que la defensa de todas las libertades religiosas forma parte integral de los valores europeos.

Los políticos de izquierdas y los verdes expresaron reservas, al entender que singularizar una religión podría generar la percepción de una jerarquía entre las distintas víctimas de discriminación.

En el año 2024 se dieron miles de delitos de odio anticristiano, entre ellos ataques a iglesias y episodios de violencia xenófoba y religiosa, con cifras significativas en países como Francia, Reino Unido, Alemania, España y Austria. El fenómeno se aprecia con mayor intensidad en aquellos países con debates públicos más encendidos sobre religión y laicismo.

Por el momento, la Comisión Europea no ha nombrado aún a ninguna persona que ejerza como coordinadora para luchar contra la cristianofobia.

La COMECE  (conferencias episcopales de Europa), representante oficial de la Iglesia Católica ante las instituciones comunitarias, ha venido planteando en distintos foros la necesidad de reconocer y combatir el odio anticristiano y en general el odio contra la libertad religiosa. Se prevé que en los próximos meses se presenten algunas propuestas de acción específicas, vinculadas al nuevo marco de derechos de la Unión Europea y a la estrategia contra el racismo y la intolerancia. 

Leemos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 18):  "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia"

Nadie, ni siquiera el Estado debe interferir en el ámbito religioso de la persona o de los grupos creyentes, ni de imponer, obligar o restringir sus creencias.

La libertad religiosa se interrelaciona con la libertad de expresión, de asociación, de culto, de conciencia, y el derecho de los padres a elegir el tipo de educación religiosa y moral que desean para sus hijos.

Me pregunto qué se puede hacer cuando son las mismas instituciones estatales o gubernamentales las que atentan contra la libertad religiosa, en particular contra el cristianismo.

Europa ha olvidado que la fe cristiana configuró el viejo continente y ayudó a su progreso y crecimiento humano, espiritual y moral.

Los católicos europeos queremos seguir siendo católicos y contribuir al bien integral de la sociedad en que vivimos. ¿Qué  ofrecemos? La persona de Jesucristo y su Evangelio.