¿Por qué a nuestro corazón no escuchamos?
¿Por qué no le dejamos lo que decirnos quiere?
Solo a la mente y la razón hablar dejamos.
Que complace nuestro orgullo,
que no nos pide esfuerzos vanos
según lo que pensamos y sentimos,
actuando al sentir de los instintos.
Y aun cuando actos buenos hacemos,
solo son para nuestra complacencia,
y sentirnos orgullosos de ellos.
Es nuestro amor por los demás,
débil, efímero y pequeño.
Y el que creemos, nuestro gran amor,
al primer embate del más débil viento,
queda destrozado, como barco en mar embravecida,
por no tener sus cuadernas, el adecuado fundamento
que en nuestro espíritu, y corazón se asienta,
y éste en el Amor, que todo los sustenta.










