
Los diversos carismas de los consagrados son una verdadera riqueza que se ofrece a los ojos de quien quiera mirar / Foto: Vatican Media
Sr. Director:
Con motivo de la fiesta de la Presentación del Señor, en España y en otros países se celebra también la Jornada de la Vida Consagrada. Ésta es un don de Dios a su Iglesia, que implica en el consagrado una dedicación total a Dios y a los hermanos a través de la profesión de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. Se manifiesta en diversas formas, desde la vida eremítica hasta la apostólica, y tiene un papel crucial en la evangelización y la renovación espiritual y moral de la sociedad. Es un signo de que Dios no abandona jamás a su pueblo.
En España hay actualmente un total de 38.000 consagrados (contando varones y mujeres). La falta de nuevas vocaciones y el envejecimiento de sus miembros ha lastrado a los cerca de 400 institutos religiosos que desempeñan su labor en nuestro país.
Si hiciéramos una radiografía de la vida consagrada en España encontraríamos una abrumadora mayoría de mujeres: 7 de cada 10, frente a 3 de cada diez varones. La cifra varía un poco en el caso de los novicios, donde los varones son 4 de cada 10.
Hay congregaciones que concentran un gran número de nuevos miembros, mientras que otras languidecen y no cuentan con ningún joven. Entre las primeras cabe destacar a Iesu Communio, las Agustinas de la Conversión, la Compañía del Salvador, la Comunidad del Cordero, los Peregrinos de la Eucaristía o las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús.
La labor que desempeñan en España los miembros de la vida consagrada que están en activo es muy variada: educación a través de colegios, universidades y centros ocupacionales; sanitaria y asistencial por medio de hospitales y residencias; caritativa y social gestionando comedores, centros de acogida, dispensarios; colaboración con las parroquias, santuarios, casas de espiritualidad, etc.
En los últimos años se han cerrado muchas de estas casas por falta de religiosos, o se ha traspasado su gestión a fieles laicos que han sabido mantener el espíritu propio de cada instituto o congregación.
Las provincias que mantienen mayor presencia de religiosas y religiosos son: Madrid: más de 4.500; Barcelona: más de 2.100; Navarra: cerca de 2.000; Valencia: más de 1.000; Zaragoza: cerca de 900; Sevilla: casi 900; Granada: casi 900; Valladolid: más de 600; Vizcaya: cerca de 700; Guipúzcoa: casi 700.
El lema del año 2026 es: "Vida Consagrada, ¿para quién eres?" La vida consagrada no es para sí misma. Nació para entregarse y transparentar un modo de vivir y servir. Los consagrados lo son para Aquél que les llamó, y por eso mismo son enviados a los demás, sin barreras, sin distancias que ensombrezcan la centralidad de Dios.
Las y los consagrados sirven a los que caminan sin rumbo, a los cansados y agobiados por los problemas de la vida, a los que tienen el corazón herido, a los que yacen al borde del sendero golpeados por la dureza de la existencia y el silencio de tantas y tantas noches en vela. Sirven a los tristes, a los que han perdido la esperanza y las ganas de vivir, a los que lloran en secreto, a los que no saben poner nombre a su dolor. Sirven a los que cuidan sin ser cuidados, a los que lo dan todo y sienten que apenas les queda nada. Sirven a los que flojean en la fe, a los que rezan con miedo y dudan sin atreverse a confesarlo. Sirven a quienes viven atrapados en la desesperanza cotidiana, en la precariedad, en la exclusión y en la invisibilidad. Sirven a los que no esperan ya nada de la Iglesia ni de la sociedad, a pesar de que necesitan gestos de misericordia y caridad. Sirven a los que nunca son llamados por su nombre, a los migrantes, a los enfermos, a los abandonados, a los pecadores, etc.
Los diversos carismas de los consagrados son una verdadera riqueza que se ofrece a los ojos de quien quiera mirar. En esta sociedad nuestra marcada por la confrontación, la fragmentación, los enfrentamientos, la polarización y la autorreferencialidad, el hecho de vivir juntos y unidos no es solamente un estilo de vida, sino un mensaje que ofrecen a los demás.
Los fieles que no pertenecemos a la vida consagrada debemos acompañar con la oración, el voluntariado y nuestra limosna a estos hermanos y hermanas nuestras que un día dejaron su casa para marchar a otros lugares a servir a los demás por amor a Cristo.
Es cierto que ha descendido notablemente el número de miembros de la vida consagrada. Por eso debemos socorrer a los que todavía perseveran, aunque sean menos numéricamente hablando.
En nuestras parroquias y comunidades cristianas, en nuestras familias y escuelas, en todos los ámbitos de la Iglesia debemos fomentar las vocaciones a la vida consagrada, masculina y femenina, activa y contemplativa.
Se lo pedimos al Señor por intercesión de la Santísima Virgen María, de San José y de los santos ancianos Simeón y Ana.









