
Escucho a Juan Luis Cebrián defender en Telemadrid la muerte de Noelia, porque era su libertad individual, era ella la que tenía que decidir. Pues no, Janli: tus palabras resultan tan redondas como falsas
Noelia ha sido ejecutada, pero no te preocupes, Francina, en cuanto acabe este artículo borraré el término ejecutada del diario de Sesiones: hablaré de eutanasiada.
En efecto, algo ocurre cuando todo un país celebra un suicidio que no deja de ser el peor de los homicidios.
Escucho a Juan Luis Cebrián defender en Telemadrid la muerte de Noelia, porque era su libertad individual, era ella la que tenía que decidir. Pues no, Janli: tus palabras resultan tan redondas como falsas.
Por partes: Noelia. Soy yo el que decido sobre mi vida... ¡pero si no es tu vida! No la compraste en ningún sitio: te fue dada. Hemos de meternos en la cabeza que no nacemos, somos nacidos. No nos creamos a nosotros mismos, somos creados. No voy a entrar en por quién, que sería lo más importante, porque ahora no tengo tiempo, pero el hecho cierto, incontestable, es que la vida es un regalo, que el hombre no puede dar razón de su existencia, simplemente debe esta agradecido.
La libertad importa, pero también la justicia: somos libres para tirarnos por un precipicio, pero no somos libres para evitar que nos rompamos la crisma cuando libremente nos tiramos por el precipicio
Lo que importa es su decisión personal. Esas palabras quedan muy bonito pero arrasan contra toda mi idea de derecho o de justicia. No, Janli, lo que importa no es mi libertad -con ser importante- porque también puedo, en uso de mi libertad, matar al vecino o asaltar un banco, y seguro que eso no lo aprobarías. Además de la libertad está la justicia y no es justo, es más, resulta injusto e ingrato, rechazar la vida, el mayor regalo que alguien -no entro ahora en quién- le ha otorgado al hombre.
Por lo tanto, no: la voluntad de Noelia era importante pero la justicia también, al igual que el bien y el mal. No olviden que somos libres para elegir, pero no lo somos para evitar las consecuencias de nuestra elecciones. Somos libres para tirarnos por un precipicio, pero no somos libres para evitar que nos rompamos la crisma cuando libremente nos tiramos por el precipicio.
Noelia no necesitaba que la ejecutaran, tampoco necesitaba psicólogos: necesitaba consuelo, ser y sentirse querida
Con la eutanasia de Noelia, toda España ha firmado su sentencia de muerte, sentencia a la tristeza, porque el suicidio es el peor de los homicidios. Algún día saldremos de la perversión, que es muy triste.
Por cierto, Noelia no necesitaba que la ejecutaran, tampoco necesitaba psicólogos: necesitaba consuelo, ser y sentirse querida para poder restañar la heridas que le dejaron desde pequeña -los que le hirieron, Janli, también obraban en uso de su libertad individual-, fruto de, como casi todos los males que nos asolan, de un matrimonio destruido, ya saben cuando el amor se convierte en odio, que no en delito de odio.
Y naturalmente, el mal es muy fecundo. Prepárense la legión de adolescentes deprimidas, que exigirán ser suicidadas.









