Se trata de un peligro no desdeñable y que se resume en lo de siempre (hay poca originalidad en el pecado): primero yo, luego la empresa. 

Hablo de España. En el mundo anglosajón lo supongo distinto. Al igual que ocurre con la fiscalidad, el español, el francés, el portugués, el italiano, el mundo de impronta católica, peca, sin más. Por contra, el más hipócrita universo de impronta calvinista-anglosajona -Alemania, Inglaterra, Países Bajos, Estados Unidos-, que encima nos dan lecciones de moral corporativa, no delinque fiscalmente. Hace algo mejor: legaliza la delincuencia tributaria con un paraíso fiscal.

Con la ética empresarial ocurre algo similar

El decaimiento de la ética en la alta dirección corporativa se resume en pocas palabras: primero yo y luego la empresa.

Está ocurriendo en el IBEX y en otras empresas no cotizadas.

Y el problema se extiende. Es decir, se trata de un problema grave.