Angela Merkel: "Vamos a colaborar con Bélgica para buscar a los culpables y castigarles". Pero hombre, señora canciller, que no hace falta buscarles ni encontrarles, eran suicidas, al menos alguno de ellos.Si ya sabemos que Merkel se refiera a los cómplices de los asesinos (sus jefes están en el este de Siria y norte de Irak),pero es de resaltar esta obsesión con dar con los culpables porque rebela que en Occidente aún no nos hacemos idea de a qué y a quién no enfrentamos. Señora Merkel, que eran asesinos suicidas. No hay que buscarles: ya hemos encontrado sus restos y sus cuerpos están siendo reconstruidos en el infierno.Más eficaz resultaría preguntarnos por qué un joven nacido en el Occidente cristiano se rebela contra el vecino y acaba matando al vecino y suicidándose. Porque el suicidio es peor que el homicidio: aún rebela un mayor desprecio por la vida, el gran don concedido al hombre.Y ante eso, todos nuestros remedios civiles y policiales de poco sirven. Occidente no sabe cómo enfrentarse a ello porque ha perdido su cosmovisión cristiana y porque una generación no ha sabido transmitir a la siguiente una serie de principios básicos. El primero de ellos, la sacralidad de la vida humana. Empezando por la propia vida.Hispanidadredaccion@hispanidad.com
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