Resulta que a los europeos, que son muy finos, no les gustan las ideas de Barack Obama.

No quieren luchar contra la especulación financiera, y todavía les preocupa ser más grandes que Estados Unidos, tener potencias bancarias más importantes que el City, Morgan Stanley o Morgan Chase. Piensan los papanatas  europeos que vencer al gigante norteamericano consiste en tener bancos más grandes que los afincados en Wall Street.

Aún hay otra idea peor corriendo por el Viejo continente, idea que, afortunadamente, comienza a desterrarse de la Gran Manzana: la de quienes piensan que los bancos grandes son más solventes que los pequeños. Valiente tontería, como si un elefante fuera más ágil que una gacela,  como si el tamaño otorgara mayor longevidad. Lo que ocurre, y eso es lo que confunde, es que cuando vienen las vacas flacas los grandes tienen más grasa que perder, pero eso sólo preocupan a los partidarios del gran tópico, el que dictamina que lo único importante de la banca es que no quiebre.

Otros pensamos que lo único importante de la banca es que preste bien su papel de intermediario financiero al servicio de la economía real, es decir, que coja dinero con una mano y lo entregue con la otra a cambio de  un margen y con el multiplicado bancario como su razón de ser. En ese escenario, los bancos, cuanto más pequeños mejor, y si alguna tiene que ofrecer un gran préstamo que hagan lo que ya hacen: sindicar el crédito. Y si quiebran, pues que quiebren, como hace el panadero.

Obama, por fin ha tenido una buena idea, influido por su asesor Paul Volcker: luchar contra la contra la especulación financiera y propiciar bancos más pequeños y dedicados a la economía real, no al casino. Pero ya lo ven: ahora resulta que a la vieja Europa no le gusta. La pregunta es: ¿puede haber algo más tonto que un burócrata o eurodiputado de la UE?

Eulogio López

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