
Tribuna libre, en La Razón, domingo 28, del diplomático español Gustavo de Arístegui, uno de los diplomáticos españoles mejor formados y más inteligentes que yo haya conocido. Se titula "El caza europeo de sexta generación: otro naufragio de Europa". Lectura no necesaria sino imprescindible, si queremos entender lo que ha ocurrido con el FCAS, ese avión europeo de sexta generación que por un pique vanidoso entre franceses y alemanes, entre Macron y Merz, líderes francés y alemán, pero no líderes europeos, ha quedado en nada. El Ejército europeo ha sido abortado antes de nacer. Hablo de tierra, mar y aire y hablo de un proyecto que, desde su mismo inicio ha mostrado al debilidad de la Unión Europea, que no es un país sino una endeble federación de 27 países, sin principios comunes porque ha olvidado sus principios cristianos: ya no es ella misma.
En el caza europeo de sexta generación, franceses y alemanes irán cada uno por su cuenta y se supone que España, y la española Indra deberán seguir la estela alemana, pero lo cierto es que Teutonia, al abandonar el tren franco-alemán, nos ha dejado tirados a los españoles y ha retrasado, al menos en una década, su propio proyecto.
Una vez roto ese eje, España tiene tres opciones: no fabricar ningún caza y comprar cazas ajenos o directamente centrase en los drones. Sería lo mejor. Segunda: seguir a Alemania, que tendrá que empezar desde cero, o fabricar España -sí, España, en solitario- su propio caza de sexta generación, o de séptima si fuera necesario: ¿Por qué no? Tercera, sumarse a la opción de Reino Unido, Italia y Japón. Muy interesante, sin duda, pero ni quieren los socios ni es es una opción europea.
En todo caso, aquí es donde entra Indra. Se lo han puesto muy difícil a Ángel Simón, su presidente. Tendrá que elegir. Y como ya hemos dicho en otras ocasiones no es una cuestión de dinero, porque el presupuesto de Defensa español, a pesar de las quejas de Trump, no deja de crecer. No, el problema de Indra, curiosa empresa, no es de ingresos sino de ejecución de contratos para poder cobrar esos ingresos crecientes. Se trata, simplemente de que España debe cumplir dus compromisos de defensa consigo misma. Indra y Navantia, principalmente, con los rumbosos contratos del Ministerio de Defensa... que poco tienen de pacifistas.
Ojo, que la 'super-mini-guerra' de los drones puede dar un giro de 180 grados a todo el bazar de las armas. Es decir, que lo que antes era imprescindible acabe en superfluo... para bien y para mal.
En resumen, Simón tiene que reinventar Indra, que probablemente, deberá más que triplicar la Indra actual ¿Es eso posible? Sí, lo es, pero también resulta complejo.
La Junta General de accionistas ya está aquí, Es un buen momento para anunciar decisiones.
Termino con dos advertencias... transversales. Ojo, con la 'super-mini-guerra' de los drones, que puede dar un giro de 180 grados a todo el bazar de las armas. Son los drones iraníes los que han impedido que el mayor ejercito del mundo, el norteamericano, haya ganado su guerra contra Irán y no haya liberado a los iraníes del repugnante régimen tiránico de los ayatolás. Es decir, que lo que era imprescindible acabe en superfluo... para bien y para mal. Con diminutos drones los iraníes se han enfrentado, con buenos resultados, a estadounidenses e israelíes, tomemos nota.
Digo para bien y para mal porque no está claro que los drones ocasionen menos pérdidas humanas, que es lo que importa, que los cazabombardeos.
Nos hemos olvidado de que la defensa de un país es una cuestión social, no tecnológica: es decir, que más vale reimplantar la mili que construir taques, cazas y portaaviones. Además, las guerras siempre las gana la infantería
En segundo lugar, nos hemos olvidado de que la defensa de un país es una cuestión social: es decir, que más vale reimplantar la mili que construir taques, cazas y portaaviones. Dejar la defensa de tu vida y de tu patria en manos de un complejo militar-industrial y, sobre todo, de la clase política, es propio de idiotas. Saber defenderse a uno mismo y a los tuyos, también en la era de la guerra tecnológica, es más importante que todas las Indras del mundo.
En todo caso, las guerras siempre las gana la infantería, no la industria militar.











