
El FROB ha cerrado 2025 con un beneficio de 7.253 millones de euros. Sí, han leído bien: siete mil millones. Es el cuarto ejercicio consecutivo con ganancias desde su fundación en 2009, y casi triplica el resultado de 2024 (2.697 millones de euros). Su patrimonio neto se ha disparado hasta los 15.471 millones de euros, casi el doble que el año pasado (8.218 millones). En principio, todo un éxito del organismo estatal que dirige Álvaro López Barceló.
Pero antes de que se emocionen: si sumamos lo que el Estado y el Fondo de Garantía de Depósitos metieron en su día en el FROB (53.761 millones de euros) más las tasas cobradas a la banca (188 millones) y restamos el patrimonio neto que tiene ahora, la cuenta arroja que el invento nos ha costado, de momento, «solo» 38.478 millones de euros. Hace un año esa factura pendiente era de 45.731 millones. Vamos mejorando. A este ritmo el bar nos invitará a la última ronda en unos quince años.
Mantener el chiringuito sigue costando lo de siempre: 4,8 millones de euros en personal, 2,8 millones en otros gastos de explotación y unos 5 millones netos en intereses de una deuda que, esta sí, se ha reducido de golpe: de los 932,5 millones que debía al Estado a cierre de 2024 a solo 200 millones a cierre de 2025, que se liquidarán en diciembre de 2026. Ya casi no debe nada.
En 2025, por primera vez, la entidad estatal comenzó a devolver al Tesoro público algo, poco, de lo que el contribuyente ha invertido. La SAREB, por contra, igual de mal que siempre: se trataba de gestionar pisos impagados y no lo ha hecho
Y hay una novedad de verdad: en aplicación del artículo 53.3 de la Ley 9/2012 -el que obliga al FROB a ingresar en el Tesoro Público cualquier beneficio que contabilice-, este año traspasará 550 millones de euros al Tesoro con cargo al resultado. No es que esté devolviendo deuda ni repartiendo un dividendo al uso, porque el FROB no tiene accionistas privados; es, sencillamente, la primera vez desde su fundación en que empieza a devolver algo de lo que el contribuyente lleva invertido. Después de dieciséis años, el fontanero por fin trae la primera factura pagada a casa.
¿Y de dónde sale este pastón? De lo mismo de siempre, pero mucho más generoso: su participación del 100% en BFA, a su vez dueña de un 18,1% de CaixaBank. Los dividendos de BFA han pasado de 490 a 770 millones de euros, y la revalorización de esa participación -vía plusvalías tácitas de CaixaBank- ha aportado 6.505 millones de euros al resultado, frente a los 2.213 millones del año anterior. Es decir: el FROB no ha hecho nada distinto a lo de siempre. Simplemente CaixaBank ha subido en bolsa, y como BFA se valora en función de eso, el FROB se ha despertado siendo mucho más rico sobre el papel.
La SAREB, mientras tanto, sigue exactamente igual que siempre: el FROB mantiene su 50,14% completamente deteriorado, valorado a cero, sin que se atisbe ningún cambio. Lo único nuevo es que en octubre de 2025 se aprobó su Plan Estratégico 2025-2027, que reparte los activos que le quedan en dos cestas: una para «vivienda pública» (con el correspondiente traspaso a la Administración) y otra para pura desinversión. Como la SAREB vale cero en libros, regalar pisos en forma de parque público de alquiler social sale contablemente gratis. Ya lo decíamos el año pasado: cero no es lo mismo que nada, y una gestión distinta de esos activos bien podría haber recuperado parte de lo enterrado.
¡Ah!, y los litigios de siempre siguen dando guerra: la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado al FROB a pagar 16 millones de euros más intereses por la vieja cartera Hércules de Catalunya Banc, y la provisión por el caso EPA de Banco de Valencia sigue creciendo mientras el Supremo decide. Cosas de la resolución bancaria: los pleitos no caducan aunque los bancos sí se vendan.
Traspasar vivienda de la SAREB a vivienda pública es hacerse trampas en el solitario. Si una entidad paraestatal sólo ha sabido degradar el valor de las viviendas adjudicadas en lugar de venderlas, ¿por qué habría de hacerlo mejor la ministra más 'exitosa' del Gobierno, Isabel Rodríguez?
En resumen: los mismos 40 empleados, a 120.000€ de coste laboral por barba, que el año pasado, vigilando lo mismo de siempre -una participación en BFA/CaixaBank y una SAREB que no cuenta nada-, han presidido el mejor año de la historia del FROB. Pero conviene preguntarse para qué hacen falta 40 personas para custodiar dos participaciones y una cartera de deuda pública. La respuesta honesta es que no hacen falta para eso: hacen falta, en teoría, para estar preparados ante una resolución bancaria. Pero la última resolución que ejecutó el FROB fue la del Banco Popular, en 2017, y de la vigilancia continua de la solvencia de las entidades -el trabajo de verdad- ya se ocupa el Banco de España, con su propia plantilla y sus propios medios, en la fase preventiva. El FROB llega, si llega, después. Y en año y pico de cada década. El resto del tiempo, sus empleados vigilan lo que en realidad gestiona el consejo de BFA y decide cada día la bolsa. Ese es el negocio: una estructura pública dimensionada para una guerra que libran otros, y que solo entra en combate una vez por generación.









