Novedad: la culpa del desastre de la Sareb, sociedad pública -a medias- que englobó todos los activos inmobiliarios malos de la crisis bancaria, no es de Pedro Sánchez, al menos no toda. Se creó en noviembre de 2012, con un tal Mariano Rajoy en La Moncloa, que no era un desastre pero sí un acomplejado, y no se atrevió, como luego no se ha atrevido Pedro Sánchez, a hacer lo que tenia que hacer: los pisos embargados por los bancos deberían haberse puesto a la venta de inmediato y restaurar o reconstruir aquellos que no se habían terminado o, si se trataba de suelo, construir las nuevas viviendas.

Eso es gestionar, es lo que hace cualquier promotora inmobiliaria y no lo que ha hecho el Estado: dejar que pase el tiempo, que se malpierdan los inmuebles, que sean okupados y que lo que era un impago se convierta en una ruina, mientras el coste para el conjunto de los españoles se dispara.

Ahora a la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, otro desastre, se le ha ocurrido la idea de utilizar pisos de la SAREB como vivienda pública en alquiler. Pero una ruina no se puede alquilar, primero hay que invertir para convertirla en un lugar habitable... y vendible o alquilable.

Aquí, como en toda la gestión pública, tanto de la SAREB como del FROB, las dos excrecencias de la crisis bancaria, el Estado ha demostrado lo que siempre demuestra: que es el peor gestor posible. 

La deuda viva acumulada por la SAREB se aproxima a los 30.000 millones de euros. El balance final se prevé que más que duplique esa cantidad.