
Repsol recibe premio bursátil este jueves, con una subida de su cotización del 2,86%, frente a un Ibex 35 en rojo (-0,99%) y con demasiados de sus componentes moviéndose a la baja. La reacción de la cotización de Repsol se debe, en gran medida, al anuncio de mayor dividendo para este año, llegando a 1,051 euros brutos por acción en efectivo y superando en un 7,8% el de 2025. Un anuncio que se ha realizado al conocerse los resultados de 2025, y también ha habido agradecimiento para la gestión del CEO, Josu Jon Imaz, pues ha cobrado un 17% más.
La energética ha logrado un beneficio neto de 1.899 millones de euros, lo que supone un 8,1% más que en 2024. Claro que, al igual que otras compañías de su sector, ha notado los menores precios del petróleo (el barril de Brent ha caído un 14,5%, a unos 69 dólares de media) y el gas, así como los márgenes moderados en refino (eso sí, en el segundo semestre, hubo un momento más positivo que permitió capar mayores márgenes). A todo esto se ha unido la incertidumbre geopolítica y económica, la elevada volatilidad en los mercados energéticos y el impacto del apagón en España del pasado 28 de abril.
De hecho, Repsol presentará una reclamación legal por el daño sufrido por dicho apagón por 125 millones de euros que considera “recuperables”, según ha señalado Imaz, en la conferencia con analistas, y que sólo se centrará en el apagón del 28 de abril y no en lo que sucedió en otros días en sus centros industriales de Cartagena y Puertollano, y que también impactó en su actividad. Eso sí, Imaz ha preferido “no entrar en el debate público” sobre el origen del apagón, en el que sí han entrado Iberdrola y Endesa, y ha preferido esperar a conocer el informe de la CNMC. Imaz ha dicho que “no tiene una bola de cristal”, pero se muestra optimista porque en 2022 hubo un fallo del Tribunal Supremo ratificando una indemnización a su filial Petronor de 18 millones por el impacto de un corte de luz de 12 minutos. Y en paralelo, ya han acudido al Supremo con una demanda similar a las de Galp y BP, a las que se ha dado la razón, en relación al ‘tramo autonómico’ del Impuesto Especial sobre Hidrocarburos aplicado entre los años 2013 y 2014, ordenando la devolución por la Agencia Tributaria de lo abonado más los intereses.
Volvamos a los resultados de 2025. El resultado neto ajustado -que mide específicamente la marcha de los negocios- ha descendido un 15,1%, hasta 2.568 millones. El negocio de Exploración y Producción (también denominado upstream en el argot petrolero) ha aportado 957 millones, un 6,9% menos, debido al ajuste de la producción en un 4%, a 548.000 barriles equivalentes de petróleo diarios de media, así como a la depreciación del dólar frente al euro y a la mejora en la cartera de activos, centrándose en los de mayor potencial de creación de valor (ha salido de Colombia e Indonesia, y ha fusionado sus activos en el Mar del Norte británico con los de NEO Energy, alianza a la que se ha unido TotalEnergies). Además, ante los analistas, Imaz se ha mostrado optimista sobre el futuro de Venezuela y su sector de hidrocarburos, y Repsol (que cuenta con autorización de EEUU para operar allí y ya ha llegado el primero de los tres petroleros que espera) confía incrementar su producción en más de un 50% en doce meses y en triplicarla en tres años. Y ya ha recortado su exposición patrimonial en Venezuela a 276 millones.
Por su parte, el negocio Industrial ha aportado 963 millones al resultado, lo que supone una caída del 33,4%, por la volatilidad de las materias primas, los menores resultados en química y los efectos del apagón del pasado 28 de abril. Eso sí, han seguido avanzando en la transformación de sus complejos industriales para construir una plataforma rentable y escalable de productos bajos en carbono, como los combustibles renovables (a la planta de Cartagena, se sumará la de Puertollano, que entrará en operación este año), ha producido por primera vez gasolina 100% renovable a escala industrial y construirá la Ecoplanta de Tarragona para convertir residuos urbanos en combustibles renovables y productos circulares, y en hidrógeno verde, se va a paso lento y se redujo la inversión, aunque ya se ha aprobado la inversión en los dos primeros electrolizadores para Cartagena y Bilbao.
El negocio de Cliente ha contribuido con 754 millones al resultado neto ajustado, un 17,1% más, gracias al dinamismo de las estaciones de servicio, la oferta multienergética y el crecimiento en clientes de electricidad y gas en más de 500.000 en España y Portugal, superando ya los 3 millones y consolidándose como el cuarto operador del mercado eléctrico español. Asimismo, el número de clientes digitales se ha incrementado un 16%, hasta 10,8 millones, sobre todo a través de la app Waylet.
Y el negocio de Generación Baja en Carbono ha dado alegrías, al pasar de una aportación negativa de -24 millones a una positiva de 53 millones. Esto se explica por la mayor producción en los activos eólicos y solares y una contribución mayor de los ciclos combinados de gas (no olviden que el sistema eléctrico español funciona en modo reforzado desde el famoso apagón), así como a la puesta en operación de 2.200 megavatios (MW) de nueva capacidad de generación renovable en España, EEUU y Chile, alcanzando un total de 5.900 MW; y ha continuado incorporando socios a la cartera de activos. Además, está preparando una de las mayores hibridaciones energéticas de nuestro país, con 1.600 MW, al sumar 805 MW eólicos a la central de ciclo combinado de Escatrón (818 MW) en Aragón, con el objetivo de suministrar electricidad a un futuro centro de datos que desarrollará un tercero.
Por su parte, el resultado bruto de explotación (ebitda) ajustado de Repsol ha descendido un 12%, a 5.312 millones. El flujo de caja de las operaciones ha ascendido a 5.365 millones (+8,1%) y la liquidez se ha situado en 10.271 millones. Eso sí, pese a las menores inversiones, la deuda neta ha crecido un 11,8%, a 4.487 millones; y sin incluir los arrendamientos, ha sido de 1.616 millones.
Unos resultados que han repercutido positivamente en los accionistas, pues la energética ha elevado la retribución al accionista en el entorno de 1.800 millones, con unos 1.100 millones en dividendo en efectivo y 700 millones en recompras de acciones para reducir capital, quedando el dividendo en 0,975 euros brutos por acción (+8,3%). Y para este año, prevé acelerar en dicho sentido, destinando cerca de 1.900 millones, con el objetivo de distribuir 1,051 euros brutos por acción de dividendo en efectivo, un 7,8% más que en 2025, incluyendo los 0,5 euros abonados el pasado enero.
Y también hay repercusión entre los consejeros, aunque sólo para dos de los 15: en concreto, para el CEO, Josu Jon Imaz; y el presidente no ejecutivo, Antonio Brufau, que han visto mejoradas sus remuneraciones un 16,74% y un 1,12%, respectivamente. Imaz ha recibido 4,75 millones, frente a los 4,069 millones de 2024: una retribución en metálico de 3,772 millones (que engloba una remuneración fija de 177.000 euros, un sueldo de 1,452 millones, una retribución variable a corto plazo de 1,448 millones y una variable a largo plazo de 518.000 euros), a la que se suman 916.000 euros en acciones o instrumentos financieros, una aportación de 7 millones a su sistema de ahorro y otros 55.000 euros en otros conceptos.
Por su parte, Brufau ha cobrado 1,624 millones, un 1,12% más que el año anterior. Esa cuantía se desglosa en: una retribución en metálico de 1,250 millones y 374.000 en otros conceptos.
Sin embargo, la remuneración media de los empleados ha disminuido un 1,56%, pasando de 64.000 euros a 63.000 euros.













