
18 de junio de 2017, los españoles tienen el 'honor' de recibir en La Moncloa al presidente más progresista de la historia, también recordado por hacer volar a Franco en helicóptero. En estos históricos, asfixiantes y tormentosos casi nueve años en España no solo no se ha invertido en infraestructuras, sino que se "han destruido" las existentes. Esta es la principal, y más preocupante, conclusión del informe del IEE: “La necesidad de aumentar las inversiones en infraestructuras en España”. Presentado por el presidente del Instituto de Estudios Económicos, Íñigo Fernández de Mesa, y el director general, Gregorio Izquierdo, la situación es para encender las alarmas.
Reforzar la inversión en infraestructuras —especialmente en mantenimiento— es clave para la competitividad, el crecimiento y el futuro de la economía española.
— IEE (@IEE_madrid) March 17, 2026
El informe concluye que España necesita aumentar el esfuerzo inversor y mejorar la planificación, incorporando también… pic.twitter.com/Az95nV8LqU
Nuestro país ha realizado un importante esfuerzo inversor en infraestructuras en las últimas décadas, lo que ha sido fundamental para el progreso económico, al facilitar el aumento de la actividad y de la movilidad. ¿El problema? "Si no se invierte suficiente y adecuadamente en su mantenimiento, se puede llegar a perder la propia funcionalidad de las mismas como está sucediendo en determinadas rutas de alta velocidad ferroviaria".
Desde el IEE ponen el último accidente ferroviario como punto de inflexión, éste se ha traducido en restricciones y limitaciones en la utilización de infraestructuras de transporte y se ha generado cierta alarma social, con la consiguiente visibilidad del problema acumulado en el tiempo de la insuficiente inversión en mantenimiento de infraestructuras en España.
Partiendo de este contexto, el informe del IEE examina la evolución reciente de la inversión en España y, en particular, de la inversión en infraestructuras. El objetivo consiste en evaluar el esfuerzo inversor del país en comparación con su entorno europeo, analizar la evolución del stock de capital en infraestructuras y estimar el déficit de inversión acumulado en los últimos años.

En el periodo reciente y como se puede observar en la tabla, España presenta una intensidad inversora inferior a la media europea. Durante el promedio de los años 2019-2024, la formación bruta de capital fijo (FBCF) en España se situó en torno al 20,4% del PIB, frente al 21,8% del PIB en la Unión Europea. Esta diferencia implica que la economía española mantiene un esfuerzo inversor menor que el de sus principales socios europeos. En términos agregados esta brecha equivale a un déficit medio de inversión de, aproximadamente, 19.000 millones de euros anuales en el conjunto del periodo analizado.
La menor intensidad inversora resulta especialmente visible en el ámbito de la inversión pública. La FBCF de las Administraciones públicas representa, en España, el 2,7% del PIB, una de las ratios más bajas de Europa. En contraste, el promedio de la Unión Europea se sitúa en el 3,4% del PIB, lo que evidencia un diferencial significativo en el esfuerzo inversor del sector público. Esta diferencia implica que cerca de la mitad de la brecha total de inversión entre España y la Unión Europea se concentra en el sector público. En términos económicos, el menor esfuerzo inversor de las Administraciones públicas supone un déficit medio, aproximado, de 10.500 millones de euros anuales, cifra que, incluso, alcanza valores superiores en los últimos años.
SEOPAN también proporciona estimaciones respecto a la inversión necesaria para la modernización y la adaptación normativa de las infraestructuras en España. El total estimado adicional es de alrededor de 113.809 millones de euros, con las infraestructuras del agua y las infraestructuras ferroviarias ocupando la mayor parte de la cifra total, de 44.518 y 31.316 respectivamente.

El informe señala que, a partir de la crisis financiera internacional se produjo un cambio en la evolución de estas inversiones, con una reducción sustancial del gasto público en capital y, en particular, de la inversión en infraestructuras. Aunque en los últimos años se ha observado una cierta recuperación asociada al crecimiento económico y a la llegada de nuevos fondos europeos, el nivel de inversión sigue siendo significativamente inferior al registrado antes de la crisis. En 2024 la inversión en infraestructuras públicas se sitúa en torno a 13.000 millones de euros, una cifra todavía muy alejada de los máximos de la década anterior.
Este deterioro en términos constantes del valor de nuestro stock de infraestructuras, lo que está señalando, es que "no solo no hemos aumentado nuestro nivel de infraestructura, sino que ni siquiera hemos invertido lo suficiente en mantenimiento para compensar su deterioro por el uso y el paso del tiempo". De hecho, el déficit de inversión acumulado durante los últimos años pone de manifiesto esta situación. Entre 2013 y 2022, la inversión realizada en infraestructuras públicas no fue suficiente para compensar la depreciación del capital existente en varios años. En términos agregados, habrían sido necesarios más de 17.000 millones de euros adicionales durante ese periodo para evitar que el stock comenzara a deteriorarse. De esta cifra (17.000 millones de euros) conviene señalar la inversión necesaria para los tipos de infraestructura: 5.500 millones de euros corresponden a las infraestructuras hidráulicas; 3.600 millones de euros corresponden a infraestructuras ferroviarias y 1.300 millones a infraestructura viaria.
Por otro lado, el análisis desagregado por sectores muestra que la falta de inversión observada en España afecta a un amplio conjunto de infraestructuras. Aunque la intensidad y las características de esta situación varían según el tipo de infraestructura, en términos generales se observa un patrón común: durante la última década la inversión ha sido insuficiente para garantizar la adecuada renovación, mantenimiento y expansión del capital existente.
Más significativa aún resulta la evolución del stock de capital en relación con el tamaño de la economía. La ratio entre el stock de capital en infraestructuras y el PIB alcanzó su máximo en torno a 2013, cuando se situaba en el 44,3% del PIB. Desde entonces, esta ratio ha seguido una trayectoria descendente, hasta situarse en el 34,6% del PIB en 2024, lo que supone una caída cercana a diez puntos porcentuales en poco más de una década. Esta evolución refleja un proceso de descapitalización relativa en infraestructuras. En otras palabras, aunque la economía española ha continuado creciendo, la inversión realizada no ha sido suficiente para ampliar el capital en infraestructuras al mismo ritmo que el resto de la actividad económica. Como consecuencia, el peso de las infraestructuras dentro del conjunto del capital productivo se ha reducido de forma significativa.

La inversión media anual de mantenimiento en infraestructuras entre 2018 y 2024 ha sido de 10.500 millones anuales, lo que es inferior a los 12.000 millones de euros de inversión mínima necesaria según las estimaciones del IEE (a partir de los datos de stock de capital de Ivie) para compensar la depreciación del stock de infraestructuras derivada del uso y del paso del tiempo.
En el ámbito de las infraestructuras de transporte, destacan el transporte ferroviario. Una parte importante de la inversión se ha concentrado en el desarrollo de la red de alta velocidad, lo cual contrasta con la estructura de la demanda del sistema ferroviario. Los servicios de cercanías y la red convencional concentran alrededor del 90% de los pasajeros, mientras que la alta velocidad representa una proporción menor. A pesar de esta elevada utilización, la inversión destinada a la red convencional y a los sistemas de cercanías ha sido comparativamente reducida, lo que ha contribuido al envejecimiento de parte de la infraestructura y ha limitado su capacidad de modernización. Esta situación también se refleja en el mantenimiento de la red ferroviaria, donde España presenta niveles de gasto por kilómetro claramente inferiores a la media europea.
En el caso de las infraestructuras viarias, la red de carreteras continúa siendo el principal sistema de transporte interior de pasajeros y mercancías en España. Aunque el volumen de inversión se sitúa en torno al promedio europeo en términos de gasto por kilómetro, los recursos destinados al mantenimiento y conservación han sido reducidos durante varios años, lo que ha generado un déficit acumulado respecto a las necesidades de renovación del capital existente.
En cuanto a las infraestructuras hídricas presentan retos especialmente relevantes en el caso español debido a las características climáticas y a la presión creciente sobre los recursos hídricos. España registra uno de los niveles más elevados de estrés hídrico de la Unión Europea, lo que refuerza la necesidad de invertir en sistemas de almacenamiento, distribución, depuración y reutilización del agua. A ello se suma el envejecimiento de una parte significativa de las infraestructuras hidráulicas existentes, que exige un esfuerzo sostenido de modernización y mantenimiento.
Aunque el informe también señala infraestructuras portuarias y de aeropuertos, pero desde el IEE marcan las viarias, ferroviarias e hídricas como las que merecen una especial atención, por el deterioro avanzado y por las particularidades española.
El análisis realizado en este informe pone de manifiesto que la economía española afronta un reto en materia de inversión en infraestructuras. La evolución de los niveles de inversión en los últimos años ha provocado una pérdida importante de capital relativo en infraestructuras y ha generado un déficit de inversión respecto a los niveles necesarios para sostener y modernizar el stock existente. La insuficiencia de la inversión no solo afecta a la ampliación de nuevas infraestructuras, sino también a su mantenimiento y conservación. El refuerzo de la inversión en infraestructuras debe concebirse como parte de una estrategia de crecimiento a largo plazo.
Ante todo ello, el IEE ve "interesantes" las medidas encaminadas a mejorar la financiación en Infraestructuras, como la introducción de peajes en las autovías. Sobre esto, Gregorio Izquierdo ha añadido que el fin de peajes decretado por el Gobierno en algunas autopistas ha supuesto un mayor "abandono" de la inversión, ya que los contratos concesionales privados garantizaban una inversión mínima: "Estos procesos de iniciativas de colaboración público-privada contribuyen a tener Infraestructuras funcionales, adecuadas, suficientes y con una eficiencia en la utilización del gasto público", ha concluido Izquierdo.
El reto es grande y el panorama desolador: "las inversiones es la partida que más sufre ante la ausencia de Presupuestos". Llevamos sin Presupuestos Generales del Estado desde el 2023 y no parece que vayamos a tenerlos, al menos hasta que cambie el Gobierno.









