Sam Altman acaba de admitir lo que Silicon Valley llevaba meses susurrando: OpenAI, la empresa dueña de ChatGPT no ganará un euro hasta 2030. Como mínimo. Y, mientras tanto, va a quemar 115.000 millones de dólares hasta 2029, según el plan financiero filtrado por The Information y confirmado por Reuters. Solo en cómputo —es decir, en alquilar máquinas para que ChatGPT siga respondiendo— prevé gastar 121.000 millones en 2028. En un solo año. El PIB entero de Hungría.

A cualquier consejero europeo le daría un infarto. En Estados Unidos, en cambio, la bolsa aplaude. Conviene recordar que en 1995, un tal Jeff Bezos vendía libros por internet desde un garaje de Seattle y perdía dinero. En 1996 perdía más. En 1999, en plena burbuja puntocom, Amazon perdió 720 millones de dólares y su acción… subió. En 2000 perdió 1.400 millones. En 2001, otros 567. No fue rentable de verdad hasta bien entrada la década de los 2000, casi diez años después de nacer. Hoy vale dos billones de dólares y es el mayor propietarios de servidores del mundo.

Google hizo lo mismo. Fundada en 1998, se pasó sus primeros años sangrando caja hasta que un día, en 2003, decidió poner anuncios al lado de los resultados de búsqueda. Aquel invento se llamó AdWords y desde entonces no ha dejado de ganar. Hoy controla el 90% de las búsquedas del planeta.

Uber es el caso más brutal. Catorce años perdiendo dinero. Catorce. Acumuló más de 30.000 millones de dólares en pérdidas antes de presentar, en 2023, su primer ejercicio en positivo. Catorce años en los que cualquier banco español le habría cortado la línea de crédito en el segundo trimestre.

¿La moraleja? En internet no hay medalla de plata. El segundo no existe. Ganar el mercado exige perder cantidades obscenas de dinero durante años, aguantar el chaparrón sin pestañear y rezar para que el modelo de negocio aparezca antes que la quiebra. Y eso sóo se puede hacer en Estados Unidos. No es una opinión: es una característica estructural de su mercado de capitales. En Europa, la fábrica de baterías eléctricas Northvolt acaba de quebrar por bastante menos.

La nueva ronda de inversión es de 40.000 millones y subiendo. OpenAI cerró en 2025 una ronda histórica liderada por SoftBank de 40.000 millones de dólares —la mayor de la historia del capital riesgo— a una valoración de 300.000 millones. Microsoft, su socio original, mantiene una participación importante tras la reestructuración cerrada en octubre, aunque ya no controla la compañía como en los tiempos del intento de defenestración de Altman en noviembre de 2023. Aquella semana de caos, en la que Altman fue despedido un viernes y readmitido el martes, marcó el principio de la emancipación.

A esa ronda se suma Stargate, el plan faraónico con Oracle y SoftBank para levantar cinco megacentros de datos por valor de 500.000 millones de dólares en territorio estadounidense. Porque las inteligencias artificiales, si se las define con honestidad, son básicamente máquinas de comerse servidores de Internet. Y quien tenga las máquinas, manda.

Los ingresos de OpenAI, mientras tanto, crecen a otro ritmo y pasaron de 4.000 millones en el primer semestre de 2025 a 25.000 millones anualizados en marzo de 2026. Multiplicar por seis en doce meses suena fantástico, hasta que uno mira los costes y descubre que se gasta el doble de lo que ingresa.

OpenAI no corre sola. Tiene dos rivales que le pisan los talones, ambos americanos. Google, con su modelo Gemini, ha despertado del letargo y es el principal gasto del grupo Alphabet: 85.000 millones de dólares de capex en 2025, los previstos por sus propios estados financieros para alcanzar a GPT que sigue siendo el líder. Tiene caja, tiene chips, tiene datos y tiene paciencia. Mucha paciencia.

Y luego está el invitado inesperado: Anthropic, fundada por exempleados de OpenAI que se fueron en 2021. Su modelo, Claude, se ha convertido silenciosamente en el favorito de las grandes corporaciones. Amazon le ha metido 8.000 millones y acaba de ampliar su acuerdo para dejarle usar sus centros de datos. Google le ha puesto otros tantos. Anthropic levantó en 2025 una ronda de 30.000 millones a valoración de 380.000. Su facturación se multiplicó por nueve en un año. En entornos profesionales, ya se usa más que ChatGPT. De su modelo estrella: Claude, y de por qué negocio puede acabar siendo el más sólido de los tres, hablaremos en la próxima entrega.

La inteligencia artificial está en su fase Amazon-1999. Tres compañías —OpenAI, Google y Anthropic— van a quemar entre las tres más de medio billón de dólares en los próximos cinco años intentando convertirse en el ganador único de un mercado que aún no existe del todo. Dos de ellas perderán. Una se quedará con la mayor parte .

Que nadie se engañe: los inversores europeos no están en esta partida. No porque no quieran, sino porque no pueden. La capacidad de financiar pérdidas durante una década con la promesa de un monopolio futuro es, hoy por hoy, una ventaja competitiva que solo Estados Unidos posee. Mientras Bruselas debate si regular o no los algoritmos, en Texas se están enchufando los próximos centros de datos. La pregunta no es si OpenAI ganará dinero algún día. La pregunta es quién quedará en pie en 2030.