El nombramiento, este martes, de Josep Maria Recasens como consejero delegado de Indra no es un nombramiento más, sino que tiene un significado que más allá de lo meramente empresarial, principalmente porque Indra no es una empresa cualquiera y porque vive un momento histórico, como diría Pedro Sánchez.

En primer lugar, con este nombramiento Simón catalaniza la compañía, aspecto muy relevante si tenemos en cuenta que allí gobierna Salvador Illa, del PSC, y que el actual inquilino de La Moncloa podría dejar de serlo en los próximos meses, dando paso al pepero Feijóo.

Por cierto, al igual que De los Mozos fichó a Frank Torres, experto en vehículos industriales de Nissan, para impulsar la división de blindados y tanques, Simón ha fichado al directivo de Renault para dirigir Indra. ¿En qué se parece un 8x8 Dragon y un Renault 5? Pues eso.

Recasens es ingeniero especializado en Organización Industrial por la Universidad de Gerona y MBA por Esade. Hasta ahora era responsable de Estrategia del grupo Renault, además de presidente de Renault España y presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac). Antes fue jefe de Estrategia y Operaciones e Ampere y responsable de Estrategia Corporativa de Seat, donde ha desarrollado gran parte de su carrera profesional.

El giro catalán que ha impulsado Ángel Simón es claro -busca establecer un polo industrial en la región- y se concreta, además de con el nombramiento de Recasens, con la contratación de 1.500 empleados durante 2026 y 2027, hasta completar una plantilla de 5.000 trabajadores en Cataluña, así como con la firma de decenas de acuerdos con empresas tecnológicas locales.

Y al fondo asoma -again- la operación abyecta, esto es, la compra de EME a los Escribano. Ahora bien, los hermanos Ángel y Javier ya no tienen prisa -han cobrado millones tras la venta de su 14% de Indra- y, en cualquier caso, se tendrán que conformar con venderla por 1.500 millones de euros, que no está nada mal. Es menos que los 3.000 millones que pretendían y más que los 800 que quería pagar Simón.