Alphabet, matriz de Google, sorprendió al mercado anunciando -tarde del lunes- una ampliación de capital de 80.000 millones de dólares, una cifra muy importante aunque no llega al 2% de su valor actual en bolsa. Tras el anuncio, la compañía que dirige Sundar Pichai -además de Ceo de Google también lo es de la matriz- comenzaba la sesión bursátil con caídas superiores al 4%, que se fueron moderando rápidamente hasta el entorno del 2%. Una acción de Alphabet vale 364 dólares.
Decimos que sorprendió al mercado porque la multinacional dispone de liquidez por valor de 127.000 millones de dólares, dinero más que suficiente para abordar cualquier operación o inversión en IA. En cualquier caso, y sin que sirva de precedentes, Google ha optado por la manera más noble de captar fondos y el menos utilizado por los dueños y los grandes accionistas de las empresas, porque les exige acudir a la ampliación si no quieren diluirse. La parte negativa, lo que penaliza el mercado, es que, tras la ampliación, hay más acciones que dividendar.
Hasta aquí las felicitaciones, porque el plan de Google es impulsar su inteligencia artificial, la misma que está destrozando a la prensa en internet. Conviene no perder de vista de dónde venimos: en primer lugar, Google cogió las noticias de los medios de comunicación sin permiso y sin pagarles nada -lo que viene siendo robar de toda la vida-, para después apropiarse de la publicidad que antes iba directamente a esos medios.
Pero ahí no terminó la cosa, porque el siguiente paso fue censurar a los medios críticos con la ideología de género y el aborto, principalmente, como Hispanidad. Una censura silenciosa que consiste en relegar a ese medio a la página 50 de las búsquedas.
Pero todo esto no es nada comparado con la IA, que ha destruido a la prensa en internet al resumir en pocas líneas la información captada de los medios.
De los 80.000 millones, Berkshire Hathaway, la firma de Warren Buffet que ahora dirige Greg Abel, pondrá 10.000 millones, según Bloomberg.
Una última idea: este movimiento de Google nos da una idea, en primer lugar, de las elevadísimas inversiones que requiere la IA y, en segundo lugar, de la prisa que tienen los gigantes de internet por desarrollarla para no quedarse atrás. A este respecto, conviene leerse la encíclica 'Magnifica Humanitas' y tener claro que la máquina nunca podrá ser la que nos dicte las normas morales, lo que está bien y lo que está mal.













