No es la primera vez, ni la segunda, que Marc Murtra, presidente de Telefónica, solicita el cese del segundo que le impusieron: el zapaterista Emilio Gayo. Se lo solicita al asesor presidencial en materia económica, más bien empresarial, Manuel de la Rocha. Pues bien, en Moncloa tiene demasiados problemas y, tras varias negativas, el todopoderoso asesor le ha dado el visto bueno: si quieres cesar a Gayo, césale.
Y hasta al propio Murtra le ha pillado con el pie cambiado, esperaba otra negativa y ahora que le dan luz verde tampoco había pensado por quién sustituirle. Ya dijimos que tenía a Christian Gebara, el hombre de Telefónica Brasil, como posible relevo, pero lo malo de Gebara es que conoce demasiado bien la compañía. Así las cosas, el brasileño le respondió que sí, que él sería el CEO, siempre que se le permitiera renovar a toda la cúpula.
En todo caso, lo sorprendente, esta vez, no sólo es el cambio de actitud de Moncloa sino que el propio Emilio Gayo está dispuesto, previa indemnización generosa, a marcharse. Él sabe, como sabe Murtra, que los resultados del primer semestre se prevén aún más malos que los de 2025 y que esta vez ya no se le puede culpar a Pallete. Murtra lleva 16 meses como presidente.
Eso sí, el que se ha plantado ante las pretensiones del presidente Murtra es el superior del presidente, un tal Javier de Paz, el ultra-resiliente. En sentido prístino, literal, porque resilir no es resistir, sino rebotar, y si hay alguien -20 años en Telefónica- capaz de rebotar es Javier de Paz. Es lo que antes de que se inventara lo de resiliencia, cuando no éramos tan finolis, llamábamos ser un corcho. Javier de Paz es un corcho, siempre flota.
Pues bien, el señor De Paz puede ser un desastre de gestión en Movistar+ -lo es- pero manda más que un mariscal y sabe que el equipo zapatista de Telefónica (Pablo de Carvajal, Marta Machicot, Sergio Sánchez, Óscar Candiles, etc) no puede caer, si no es en bloque. Vamos que están, como media España, esperando el informe de la UCO sobre el expresidente del Gobierno.
Ahora bien, lo sorprendente en esta ocasión es que Emilio Gayo ha tirado la toalla: si le indemnizan bien se marchará, a fin de cuentas, Pallete ya le había echado e iba a sustituirle por Sergio Oslé.
En el entretanto, el todopoderoso Carlos Ocaña, el hombre de Sánchez y de Florentino Pérez ha tirado la toalla y considera que ha fracasado: ya ni aspira a la Presidencia y no se cansa de criticar a la compañía que vicepreside.
Y mientras tanto, ¿qué tal anda Telefónica, propiamente dicha? Pues anda en caída libre.
La liquidez se está empleando en las más gloriosas sandeces, tales como comprar empresas de radioenlaces. La explicación es sencilla. Faltan ingresos así que Murtra está empleando la caja en comprar a altísimo precio los ingresos que no aparecen por ningún otro lado. Algo así como vender el coche para comprar la gasolina.
Habrá que insistir, la Telefónica de Murtra va de mal en peor, faltan ingresos y no hay proyecto para obtenerlos. Y comprar empresas para adquirir ebitda no parece una idea muy brillante.
Al final, cuando se ofrezcan, en agosto, los resultados del primer semestre, alguien va a tener que tomar grandes decisiones. Lo que ocurre es que no sabemos quién tendrá que hacerlo y, por tanto, qué soluciones propondrá. Lo que sí está claro es que la intervención bananera del Gobierno Sánchez para hacerse con el control de Telefónica, en un ejercicio de prepotencia sin igual, no ha resultado precisamente brillante.











