Se ha vuelto a hablar, y mucho, de CAF (Construcción y Auxiliar de Ferrocarriles) en las últimas semanas tras hacerse pública la OPA lanzada por el consorcio húngaro Ganz-MaVag Europe sobre Talgo.

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A los propietarios de la empresa ferroviaria les gusta la oferta porque quieren vender (especialmente el fondo Trilantic que es el principal accionista), ya desde hace tiempo, pero al Gobierno, no.

Se han movido hilos, (no sé si a día de hoy se sigue ‘trabajando en ello’) para alentar un contraopa liderada por un caballero blanco que libre a Talgo de las ‘garras’ del Estado húngaro, liderado por Viktor Orbán 

Y en esa ecuación ha vuelto a estar la empresa vasca como antaño ocurriera cuando se especuló con una fusión, o mejor dicho una adquisición, por la diferencia de tamaño: CAF es casi el doble que Talgo.

A Trilantic se le hizo la boca agua porque, en ese momento, hace unos tres o cuatro años, ya había manifestado su intención de salir de la compañía, pero la cosa no cuajó.

Aunque sus títulos se han revalorizado un 40% en los últimos 18 meses, aún cotiza en múltiplos por debajo de su media histórica, con un PER de unas 12,6 veces frente a las más de 15 veces que lo ha hecho anteriormente 

Estamos ante una cotizada, CAF, un valor poco líquido lo que significa que sus títulos reaccionan con facilidad ante cualquier compraventa (no de especial envergadura), lo que implica que la cotización se puede disparar o hundir de un día para otro o, en cuestión de horas, que siempre ha concentrado el consenso del mercado, prácticamente unánime, de mantenerlo en cartera.

El precio objetivo que marca este consenso es de 42,75 euros sobre los 32,95 a los que cotiza hoy. Un poco más lejos, hasta los 43,71, lo que supone un potencial del 32%, van los analistas de Bloomberg que, en un 93% respaldan la recomendación de comprar y el resto optan por mantener.

Con estos mimbres, y aunque la acción ha sufrido los avatares macroeconómicos, geopolíticos y también sanitarios, especialmente desde 2020, sus títulos se han revalorizado, en los últimos 18 meses, por encima del 40%, dejando atrás los mínimos que alcanzo en septiembre de 2022 (23,15 euros) para alcanzar máximos el pasado 13 marzo en los 34,6 euros.

Aun así, está muy lejos de los 44 euros que llegó a alcanzar en 2019, “sigue cotizando a múltiplos por debajo de su media histórica, con un PER de unas 12,6 veces frente a las más de 15 veces que lo ha hecho anteriormente”, explica Javier Cabrera analista de XTB. “Esto no se justifica por una circunstancia concreta” señala. “El valor viene de sufrir, y el mercado necesita más de un año consecutivo para ‘creerse’ los planes de la empresa y para que se consolide el crecimiento. No bastan uno año o dos años buenos, hay que mantener la tendencia de manera sostenida, lo que es algo más complicado.

Una de las peculiaridades de CAF es su estructura accionarial y, dicen, que el mayor obstáculo para una hipotética operación con Talgo. Casi el 25% de su capital está en manos de sus trabajadores, es decir, una cuarta parte de la compañía

Recordar que, aunque la pandemia golpeó fuerte a la compañía, 2019 tampoco fue un buen ejercicio así que, “aunque haya remontado, el mercado tiene que asegurarse que lo hace de manera consolidada a lo largo del tiempo”.

Lo cierto es que, en las últimas dos décadas, CAF se ha convertido en una compañía que tiene presencia en todo mundo, un actor global que fabrica material (ferroviario y de transporte urbano) para operadores de sector en EuropaEstados Unidos, Hispanoamérica, Australia e, incluso India.

Por ejemplo, acaba de firmar un nuevo contrato en Italia, en concreto con el operador público ATAC, por el que suministrará 40 tranvías para la flota de Roma, por un importe que supera 130 millones de euros, y que contempla el mantenimiento durante cinco años.

Y suma y sigue, ya que durante la presentación de las cuentas correspondientes a 2023 resultados el día 8 de marzo, la empresa comunicaba que su cartera de pedidos era 14.000 millones muy por encima de sus ventas (4.200 millones de euros), mientras consolida márgenes del 6%, con una deuda financiera neta controlada que se redujo a 0,9 veces Ebitda (desde 1,2 veces anteriores), y que se sitúa en los 256 millones de euros frente a los 278 millones de 2022

Una de las peculiaridades de CAF es su estructura accionarial y, dicen, que el mayor obstáculo para una hipotética operación con Talgo.

La empresa ha comunicado una cartera de pedidos por 14.000 millones muy por encima de sus ventas (4.200 millones de euros)

Casi el 25% de su capital está en manos de sus trabajadores, es decir, una cuarta parte de la compañía. Además, CAF tiene estrechos vínculos con los poderes fácticos vascos presentes también en su capital: el 14,056% está en manos de Kutxabank; el 3% es del Instituto Vasco de Finanzas; el 5% está controlado por empresario Daniel Bravo Andreu que desembarcó en CAF en 2020, dos años después de que en mayo de 2018 vendiera a la familia Gallardo la participación del 8,45% que entonces tenía en Almirall. Daniel Bravo fue socio fundador de Laboratorios Prodesfarma, firma que en 1997 se fusionó con Almirall; Indumenta Pueri (los dueños de Mayoral) tienen también un 5%.

CAF, empresa centenaria, tiene su sede social y la principal planta de fabricación en Beasain (Guipuzcoa) de donde es originaria.

Su estrategia, según los expertos, se centra en estos momentos en diversificar su división de cercanías apostando por el nicho de señalización, además de potenciar su crecimiento en autobuses eléctricos, sobre todo urbanos, para ser líder europeo, “así como a expandir su portafolio al segmento interurbano en Europa y a entrar en Norteamérica”, como recoge en su plan estratégico 2026.

Al frente de la empresa está Javier Martínez Ojinaga, consejero delegado que sustituyó en el cargo a Andrés Arizkorreta, actual presidente de la compañía.