
Cementos Molins, el gigante del hormigón y cemento, ha presentado sus resultados correspondientes al 2025 con un beneficio neto de 185 millones de euros, un 1% superior al del año anterior, lo que equivale a un beneficio por acción de 2,80 euros, "en un contexto global marcado por la complejidad de los mercados y la incertidumbre financiera y geopolítica", informa en un comunicado remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) este jueves.
Las ventas ascendieron a 1.368 millones de euros, en línea con el ejercicio anterior, "con crecimiento de las ventas comparables en todas las regiones", la compañía aclara que, en términos comparables, con tipos de cambio constantes y el mismo perímetro de consolidación, las ventas aumentaron un 8%, todo gracias a "la gestión de precios, la cartera de proyectos de soluciones prefabricadas y las incorporaciones de negocios en Portugal y el sureste de Europa", que compensaron el impacto negativo en los tipos de cambio.
Igual con el Ebitda, que alcanzó los 356 millones de euros, igualando al año anterior, en términos comparables, supone un incremento del 10%. Aquí Molins destaca la mayor aportación de los negocios en Europa, apoyada en el efecto neto positivo de precios sobre costes y en los planes de eficiencia, junto con las incorporaciones de nuevos negocios.
“2025 ha sido un año en el que hemos alcanzado nuevamente resultados sólidos y culminado nuestra apuesta por el crecimiento en todos los negocios, alineados con las prioridades de nuestro plan estratégico. Estos resultados son fruto del compromiso y la capacidad de ejecución de los profesionales que forman Molins”, explica Marcos Cela, consejero delegado de la compañía.
Pero seguramente los resultados no es lo más importante ahora mismo en Molins, esta cuenta pone fin a un año de guerras familiares. La empresa catalana fundada por Joan Molins Parera, y que su nieto Casimiro Molins Ribot lideró por 71 años, en 2017, en medio del proceso independentista catalán, trasladó su sede empresarial a Madrid. Cotiza en la Bolsa de Barcelona, aunque, sin embargo, gran parte del accionariado está en manos de varias ramas de la familia Molins, que ya representan la tercera generación de la familia.
La familia Molins controla la compañía separada en diferentes ramas asociadas en una acción concertada que representa el 73,5% del accionariado. En concreto, Otinix, en manos de la rama Molins López-Rodó, cuenta con la mayor participación, 33,5%, les siguen los Molins Amat, a través de Noumea, con el 31,5%, aunque solo está suscrito al convenio el porcentaje equivalentes al 14,5% del capital social, las acciones restantes no están sujetas al convenio de sindicación de voto y acciones. Por último, los Molins Gil, a través de la compañía Cartera de Inversiones, poseen el 24,2% de las acciones, con un valor de 259 millones.
Las tres ramas están presentes en el Consejo de Administración, el actual presidente es Julio Rodríguez Izquierdo. Además, el Vicepresidente primero es Joaquín Mª Molins Gil, en representación de Cartera de Inversiones, el Vicepresidente segundo es Joaquín Mª Molins López-Rodó y Ana Mª Molins López-Rodó es Vicesecretario Primero no Consejero, de Otinix.
Pero no todo es la visión de 'familia unida' que parece por la división del Consejo. Este pasado verano hubo tormenta en los Molins. El 30 de junio se celebraba la Junta de Accionistas, hasta ese día el presidente era Juan Molins Amat (83 años), que se puso al frente en 2017 cuando murió Casimiro. Molins López-Rodó y Molins Gil se unieron para desplazar a los Molins Amat, quedando estos últimos en minoría. Así consiguieron que Julio Rodríguez Izquierdo pasara a Presidente, cuando un año antes había dimitido como CEO. Esta disputa rompió con la tradición de consenso de la familia y se notó en el reparto de asientos, los Molins Amat perdieron uno de sus tres consejeros, que lo ganaron los Molins Gil. Mientras los López-Rodó mantuvieron los tres puestos.
Este movimiento según los Molins Amat fue un acto unilateral, asegurando que “no fue una decisión consensuada”, sino un acto “doloroso y preocupante”.
Detrás de toda esta disputa está el cómo gestionar la empresa a futuro. La rama Amat apuesta por abrir entre el 30% y el 35% del capital a nuevos accionistas y llevar la empresa al mercado continuo, saliendo de la cotización en el Mercado de Corros de Barcelona. Mientras las otras dos ramas apostarían por seguir manteniendo el control en manos de la familia. La compañía sigue con su 'actividad normal', como demuestran los resultados, pero aún está por ver si el conflicto familiar queda cerrado y de queé manera.
Y ojo, porque en el entretanto, esta misma semana el Consejo de Administración aprobó la adquisición, que se cerrará este mes, del 100% de capital de la compañía portuguesa Secil a través del acuerdo de compraventa de acciones suscrito con el grupo inversor también portugués Semapa, la cementera sumará 750 millones a su cifra de negocio y entrará en mercados como Brasil. Con esta operación pretenden que las aguas vuelvan a su cauce y que las cuentas dejen de estar estancadas, algo muy necesario para la compañía que debido a este 'empate' de cifras ha rebajado el dividendo de este año, pasando de 1,1 euros por acción a 0,98 euros por acción.









