El asunto tiene su punto divertido. No habían pasado ni 72 horas desde que el TGUE (Tribunal General de la Unión Europea) con sede en Luxemburgo, dictaminara que sus colegas de la Junta de Resolución Bancaria, liderada por la inefable Elke König, había estado de lo más legal al intervenir el Popular, cuando el Banco Santander, -trabajan rápido los juristas y Ana Botín- ya había presentado en la Audiencia Nacional una petición de exención de responsabilidad civil. Vamos, que si la intervención había sido ajustada a derecho -lo que no se lo cree ni Elke König- pues resulta que el Santander, que se hizo con el Popular ¡por 1 euro!, no tiene que atender reclamación alguna de unos accionistas que perdieron 1.300 millones de euros, que era lo que capitalizaba el Popular el 6 de junio de 2017. Eso, por no hablar de que el patrimonio arrebatado a accionistas y bonistas fue, según los peritos del Banco de España, de más de 11.000 millones de euros. Desde luego, el Santander no está dispuestos a pagar. 

El juez José Luis Calama ha dado una semana para responder a las partes y ya hay exconsejeros del Popular que han vuelto el argumento del Santander del revés. Porque, en efecto, el Santander, en tanto heredero del Popular, no puede ser reclamado por la ampliación del 2016, porque el TGUE dice que son los accionistas los que tienen que responder de las pérdidas que causó la resolución. Es decir, que el Santander se quedó con el Popular, pero el Santander no es el Popular. Por el mismo motivo, los consejeros del Popular tampoco eran el Popular, sólo su Consejo. Y es que los fraudes generan parodias.

Uno comprende la actuación del Santander... y la del Popular. Lo que no comprende de es la del altísimo tribunal europeo que no ve pena en intervenir un banco viable y solvente.

Porque el fracaso de la intervención del Popular es de tal calibre y el modelo ahí ensayado resultó tal fiasco... que toda la unión bancaria europea continúa empantanada cinco años después... ante la falta de acuerdo sobre cómo se resuelven los bancos en crisis. Todo porque se empezó con un banco de un Gobierno débil... que no estaba en crisis.