Si algo marcó el ejercicio 2025 del BBVA -y del Sabadell, dicho sea de paso- fue la OPA hostil, cuyo resultado final se conoció en la tarde del 16 de octubre, jueves. El BBVA lanzó la OPA hostil el 9 de mayo de 2024.

Un hecho sin precedentes que Carlos Torres ni menciona en la carta remitida el viernes a los accionistas, con motivo de la Junta General del próximo 20 de marzo. Está bien pasar página y mirar hacia delante, como ha insistido Torres desde el minuto cero tras conocer el fracaso, pero eso es una cosa y otra bien distinta es ocultar a los dueños del banco, los accionistas, una reflexión sobre lo que hizo y no hizo durante ese año. A fin de cuentas, él es el presidente y primer ejecutivo, y debe rendir cuentas ante los accionistas, tanto de los éxitos como de los fracasos.

Y si el jefe no dice nada, yo menos aún, debió pensar el consejero delegado, Onur Genç, encargado de desglosar brevemente el ejercicio en los distintos países, entre ellos España.

Donde sí acertaron ambos fue en los elogios a la plantilla, auténtica protagonista del excelente resultado. Ahora bien, no parece muy coherente que mientras la entidad registró beneficios récord y la remuneración del presidente y del CEO aumentó un 14,7% y un 11,1%, el sueldo medio de la plantilla permaneció congelado.

Torres tampoco mencionó el otro asunto que, sin duda, marcará el futuro del banco, y no es la digitalización: el juicio del caso Villarejo, en el que la entidad, como persona jurídica, se sentará en el banquillo de los acusados. El tema es grave y peliagudo, a la par que histórico, pero el presidente tampoco creyó conveniente comentarlo con los accionistas. ¿Acaso busca que el juicio pase desapercibido?