La primera impresión no siempre es la más certera. Eso debe estar pensando Carlos Torres que en la primera presentación de resultados anuales en la que participó como presidente, junto a Onur Genç como Ceo, le alabó en público y admitió que su gestión de la entidad había sido una sorpresa muy grata para él.

Solo han pasado tres años y la situación es radicalmente distinta y Torres busca la mejor manera de deshacerse de Genç, ahora convertido en punta de lanza de sus enemigos internos. Ya saben: los enemigos de mis enemigos son mis amigos. Nos referimos a Jaime Caruana y Andrés Torrecillas que, como adelantó Hispanidad, preparan la salida del presidente… y también la del Ceo.

Sea como fuere, las presiones sobre Genç no solo no cesan sino que aumentan, también en cantidad. La última en unirse a la fiesta ha sido la agencia Fitch, que ha rebajado a bono basura el rating inversor en Garanti, la gran apuesta internacional de Torres y su número dos.

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Lo peor es que Garanti no es un mal banco, porque si lo fuera bastaría con enderezarlo. El problema es Erdogan, que ha llevado a Turquía a una situación económica insostenible, con una inflación totalmente descontrolada -en julio fue del 79,6%- y con un Banco Central desbordado. De hecho, este jueves, la autoridad monetaria, contra todo pronóstico, ha recortado el tipo de interés de referencia en 100 puntos básicos, del 14 al 13%. Y eso, ¡con una inflación del 80%! Huelga recordar las injerencias de Erdogan en el supervisor y que aumentan, todavía más, la incertidumbre sobre el futuro del país.

En este contexto, Garanti ha pasado de ser uno de los pilares y aportar el 15% del negocio del grupo BBVA, a ser un lastre, como vimos en los resultados de la entidad hasta junio. Y lo malo y más preocupante para Genç, defensor a ultranza de Garanti, es que la situación se prolongue en el tiempo, cosa muy probable y que añadirá munición para su cese.

De momento aguanta, pero eso es fácil hacerlo en verano.