Hoy 8 de mayo de 2026, Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina, se cumple un año desde que el peruano-norteamericano, Robert Prevost se convirtió en Papa de la Iglesia católica.

Ya he dicho que yo no sé quién es León XIV pero eso no es un comentario peyorativo al que, como católico, no tengo ningún derecho. Sólo afirmo que Prevost no parece haberse liberado del atrabiliario Papado de Francisco y la nota más llamativa de este continuismo es la permanencia en sus cargos de los dos actores principales del Papado de Bergoglio: por este orden, el prefecto del Dicasterio de la Fe, monseñor Víctor Manuel 'Tucho' Fernández, en el cargo más importante del Vaticano, y Pietro Parolin, secretario de Estado que recuerda a su antecesor Agostino Casaroli, con quien Juan Pablo Ii tenía sus tiras y aflojas, porque el diplomático Casaroli, al igual que Parolin, consideraba que la Santa Sede debía llevarse bien con todos los poderes públicos y el bueno de Karol Wojtyla no hacía otra cosa que 'molestar' a los poderes públicos recordándole sus deberes morales, empezando por la Europa tras el telón de acero. San Juan Pablo II fulminó el comunismo, pero si por Casaroli fuera, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) aún seguiría al mando. 

¿Qué ha cambiado con León XIV en un año de Papado? Las formas, sí. La excentricidad de Francisco ha desaparecido. Pero, en el fondo y en los fondos... la verdad es que todo parece seguir igual: el cisma alemán continua, la ideología de género prosigue, rampante, haciendo estragos, la sinodalidad no se ha dado por clausurada y la confusión continúa siendo la nota predominante de la grey. 

¿Y eso es bueno? La verdad es que no tengo ni idea, porque eso supondría analizar al Espíritu Santo y esta mañana no me siento capaz, pero me temo que ante la crisis profunda  eu afronta el cuerpo místico, la inacción no puede ser el mejor camino.

De Bergoglio a Prevost, las formas sí han cambiado. Por ejemplo, la excentricidad de Francisco ha desaparecido. Pero, en el fondo y en los fondos...

En plata: sigo sin saber quién es Leon XIV, pero recuerden: lo que importa no es lo que yo critique del Papa sino lo que el Papa critique de mi. 

No caigamos en la parte oscura del Trumpismo: la vanidad espiritual. 

Sí, Trump es un presidente USA que ha devuelto los principios cristianos a la diplomacia internacional y a la cosa pública. Ahora bien, le pierde esa vanidad bobalicona que le ha llevado a injuriar al mismísimo Papa. Y la vanidad es un defecto menor pero la vanidad espiritual, es decir, cuando el hombre se endiosa, tiende a convertirse en una de las miserias más disolventes del ser humano: ya no es vanidad espiritual, es orgullo espiritual, el peor de todos los vicios.

Sigo sin saber quién es Leon XIV, pero recuerden: lo que importa no es lo que yo critique del Papa sino lo que el Papa critique de mi. No caigamos en la parte oscura del Trumpismo: la vanidad espiritual

Se cumple un año del Pontificado de León XIV: estamos ante el Papa tranquilo.