
Como saben mis antiguos alumnos, o aquellos que hayan leído mis publicaciones académicas, un buen periodismo tiene varias finalidades. Una de ellas es ayudar a las personas a entender lo que pasa y, sobre todo, por qué ha pasado y qué consecuencias tiene eso que está pasando.
Pero eso que está pasando no son meros hechos o acontecimientos concretos, sino también procesos, situaciones, estados anímicos de una sociedad…
En este sentido, recuerdo especialmente varios artículos de Julián Marías en la década de los 90. Uno de ellos, modélico, sobre el estado de desorientación de la mayoría de la sociedad española.
Pues bien, aunque sé que no poseo la sabiduría del gran filósofo divulgador español, ya tristemente relegado al olvido, a tenor de las conversaciones con amigos y conocidos y de la reflexión sobre las opiniones vertidas en los medios, tradicionales y nuevos, y sobre los análisis sociológicos serios, pienso que estamos ante una sociedad heterogénea, fragmentada y “babelizada”, en la que hay una parte de la población que está profundamente decepcionada y completamente estupefacta y sufriente ante el desarrollo político, económico, ético, jurídico, religioso, etc., de su querida España.
Ya habrán supuesto que esta parte de la población española está compuesta por lo que hace años se denominaba “las personas de bien”. Gente honrada y trabajadora, creyente, con más virtudes que defectos, amante de la vida y la familia, de la verdad, de la justicia y de la libertad, democrática y cumplidora de sus obligaciones sociales…
Pues bien, no solo por lo que hemos tenido que contemplar esta semana en los juicios sobre la trama de corrupción, cuya gravedad es inconmesurable por múltiples razones, sino ante otros muchos temas previos y actuales, y los que se prevén para el futuro, estas personas, entre las que se encuentra Usted seguramente, se preguntan continuamente: “¿cómo es posible que esto esté sucediendo? ¿Cómo es posible que hayamos llegado a estos extremos de ignominia”… Y otros pensamientos y expresiones parecidas que revelan un asombro negativo, una falta de comprensión intelectual, e, incluso, un estado del alma de no acabar de creerse la situación antropológica y ética y política en la que estamos.
La mayoría de los grandes medios se han convertido en aparatos de propaganda política y de difusión de ideologías nefastas
Los temas de estupefacción son múltiples y, lógicamente, cada uno prioriza aquellos que más le duelen debido a su formación intelectual; a su profesión; a su trayectoria vital; a su situación familiar, profesional y social; a sus ideas políticas; a su fe; o a su grado de sensibilidad moral y espiritual.
Como son tantos, no es posible recogerlos todos en un artículo breve. Pero pienso que es conveniente reflejar algunos, de acuerdo a mi sensibilidad, y al sentir de un grupo de personas cuyos asombros y quejas he escuchado con mucha atención.
Así, por ejemplo, los que pensamos con verdad que la vida humana es sagrada nos cuesta entender cómo se ha llegado a esa aceptación social del aborto, a la que, como Usted recordará, ya se refirió el precitado Julián Marías como lo más grave que había acontecido en España en el siglo XX, y que en pleno siglo XXI se ha agravado aún más, con la extensión hacia la eutanasia, con considerar el aborto como un derecho y con el plan político de establecerlo nada menos que como un “derecho constitucional”, sin que haya apenas oposición por parte de todos, pero fundamentalmente por quienes están más obligados a ello.
Y los que sabemos con certeza que la familia es también una institución sagrada, forjadora de personas libres y virtuosas a la luz del cariño, de la unión de los esposos y de la transmisión de criterios rectos, hemos asistido con hondo pesar a la triste eficacia de los grandes y variados medios que se han puesto, desde diversas instancias, para su desintegración y disolución en la Babel actual.
Algo parecido ha pasado con la enseñanza o educación en todos sus niveles. Los que hemos batallado por una enseñanza libre, integral antropológica y éticamente, personalista y científicamente irreprochable, vemos con estupor que nuestros esfuerzos han sido baldíos y asistimos horrorizados al reino de la mediocridad en la Universidad y al del adoctrinamiento “woke” en la primaria y secundaria.
Ya les adelanto que sus causas se remontan a bastantes décadas atrás y que son de muy diversa índole e interrelacionadas entre sí
No sé si la evolución del periodismo ha sido aún peor. De hecho, el buen periodismo solo existe en algunos pequeños medios como este, pues la mayoría de los grandes medios se han convertido en aparatos de propaganda política y de difusión de ideologías nefastas. Lo cual es especialmente doloroso para los pocos que nos hemos dedicado a promover un periodismo como saber y servicio, en pro de la verdad que necesitan entender las personas para su enriquecimiento moral y cultural en orden a su participación libre en la consecución del bien común.
Y las personas que os habéis dedicado a defender con plena consciencia y entusiasmo el “estado de derecho” y las bondades del sistema democrático, estaréis horrorizados y estupefactos ante el proceso, gracias a Dios aún no culminado del todo, y que, Dios lo quiera, todavía se puede revertir, de su destrucción y conversión en una caquistocracia cleptocrática y autoritaria, que es su estado actual.
Como he reiterado, todos nos hacemos más preguntas de asombro negativo. Quizás las dos más recurrentes y concretas sean: “¿Cómo es posible que no dimitan o no se pueda cesar a los causantes de estas ignominias?”; “¿cómo es posible que todavía tengan, según los sondeos demoscópicos, millones de votantes?”
En sucesivos artículos intentaré contestar del mejor modo posible a todo lo que aquí hemos planteado. Pero ya les adelanto que sus causas se remontan a bastantes décadas atrás y que son de muy diversa índole e interrelacionadas entre sí. Y que en su comprensión adecuada está el germen de las soluciones, como en el diagnóstico certero del médico está la raíz de la terapia adecuada capaz de curar al enfermo.
Aunque como este enfermo, la sociedad española, está muy grave, y hay que tomar medidas urgentes, adelanto ya que, como una de las causas de su enfermedad es que el que más y el que menos se ha olvidado de la necesidad de la oración confiada a Dios nuestro Señor y a Su Madre Santísima y Madre nuestra, les sugiero encarecidamente que recen lo más posible para que nos protejan y ayuden. A Ella podemos recordarle con cariño filial que, como dijo San Juan Pablo II, España es “Tierra de María”. Y nosotros podemos recordar que tenemos en el Cielo poderosos intercesores: los miles de santos españoles, la mayoría de ellos mártires de la República y la Guerra Civil, como nos ha ido recordando en esta misma pantalla durante semanas el historiador Javier Paredes, que ahora ha recogido esos contenidos en un magnífico libro.
Y, si no es mucho pedir, recen también por mí. Para que sepa explicarles con verdad, justicia y caridad lo que les he anunciado. Pues les aseguro que no es una tarea fácil.









