
Aprovechando unas bondadosas palabras del Papa, se nos informa de que León XIV centró su discurso a los obispos en la pederastia. Mentira.
El eje del discurso del Pontífice ante los prelados españoles, lo más morboso si este mundo no estuviera repletito de morbosos, es una llamada a la comunión entre los obispos, que andan a torta limpia: "Vengo aquí a reavivar la comunión".
Luego citó a Santo Toribio de Mogroviejo, el gran misionero del Perú hispano, co-autor de las 'ciudades cristianas', formadas alrededor del triángulo Iglesia, Escuela y Hospital, que el cachondo de Chesterton cinco siglos después modificaría ligeramente, para definir la sociedad cristiana por el triángulo: iglesia, escuela y taberna.
Volvamos al discurso del Papa a nuestros monseñores: comunión entre ellos y atención, "comunión con el sucesor de Pedro". Porque "vuestra misión consiste en custodiar la unidad" al tiempo que fortalecer el diálogo porque "una iglesia reconciliada por dentro puede hablar con libertad a los de fuera".
A ver si nos entendemos: algunos sospechamos que el Papa dice todo esto porque la jerarquía eclesiástica española actual, los obispos, viven a golpes, entre ortodoxos y progres y en mitad de la doble crisis, crisis de fe y crisis sacramental: Fe a la baja y tenue presencia de sacramentos y de fieles que frecuenten esos sacramentos.
A esa imperiosa unidad es a la que se refería el Papa León XIV, que algo debe saber de la situación de la Iglesia española. Por ejemplo, a la izquierda del Papa se sentaban, juntos, el cardenal José Cobo y el cardenal Antonio María Rouco. El primero, actual arzobispo de Madrid, no ha invitado a participar a Rouco en ningún acto externo. Sin embargo, el obispo saliente de Barcelona, Juan José Omella, ya cumplidos los 80 años, sí concelebró con el Papa y con Cobo en la misa del Corpus. Recuerden: Omella y Cobo son progresistas, Rouco un lamentable conservador.
A lo mejor era esto era a lo que se refería el Papa.









