Se llama Andrés, tiene 86 años. Vive en la calle, al no poder pagar un alquiler. Cuenta cómo se alimenta a base de fiambre. Pide una vivienda asequible porque, explica, siempre ha salido adelante por sí mismo. Ahora, aunque se confiesa optimista, reconoce que sus ánimos están por el suelo. 

Y en Cataluña, para Montse y Jordi, más de lo mismo, viven en un coche porque, al igual que Andrés, tampoco pueden pagar un alquiler.

Una vez más, el periodismo ciudadano, el de las redes sociales, contrasta situaciones como la de Andrés, Montse y Jordi con el lujo con el que se aloja a inmigrantes ilegales, en hoteles de hasta cuatro estrellas.