Sr. Director:
El Dicasterio para la Doctrina de la Fe no da su visto bueno al vademécum preparado por la conferencia episcopal alemana y por el comité central de los católicos alemanes en abril de 2025.
Los alemanes que cada vez se apartan más de la recta fe y de la moral católica pretendían que, desde Roma, se aprobase un vademécum oficial que contenía oraciones de bendición para parejas homosexuales y matrimonios en situación irregular. Tomaban como excusa la declaración Fiducia Supplicans, sobre el sentido pastoral de las bendiciones, firmada por el Papa Francisco en diciembre de 2023.
Sin embargo, las bendiciones que imparte la Iglesia requieren que aquéllo que se bendice sea conforme a la voluntad de Dios, manifestada en las enseñanzas de la Iglesia. Las bendiciones se ordenan a la alabanza de Dios y al provecho espiritual del pueblo cristiano.
Es necesario tener en cuenta que algunas expresiones de fe son consideradas como actos de devoción que tienen su lugar propio fuera de la celebración de la Eucaristía y de los demás Sacramentos.
Hay que evitar añadir modos propios de la celebración litúrgica a los ejercicios de piedad, que deben conservar su estilo, su simplicidad y su lenguaje característico, aunque algunos pastores del pueblo de Dios deben también evitar el apoyar su praxis pastoral en la rigidez de algunos esquemas doctrinales o disciplinares que no ayudan a evangelizar y en lugar de facilitar el acceso a la gracia lo que hacen es gastar las energías tratando de controlar.
Cuando las personas invocan una bendición no se les debería pedir una perfección moral previa. Hay situaciones moralmente inaceptables, pero la caridad pastoral nos exige no tachar sin más de pecadoras a algunas personas cuya culpabilidad o responsabilidad pueden estar atenuadas por diversos factores que influyen en la imputabilidad subjetiva.
Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador, y espera que éste se arrepienta, pida perdón, se confiese y se proponga vivir santamente en la presencia de Dios. Para Dios, nosotros somos más importantes que todos los pecados que nosotros podamos cometer, porque Él es un Padre que nos ama incondicionalmente, y en la persona de su Hijo Jesucristo nos ha bendecido para siempre y no dejará de bendecirnos.
Las autoridades eclesiásticas no deben elaborar ninguna oración de bendición para emplear sobre parejas en situaciones irregulares ni sobre parejas del mismo sexo, para no causar confusión con la bendición propia del sacramento del matrimonio.
La Iglesia no bendice ni puede bendecir el pecado, pero sí puede ayudar a cada persona a caer en la cuenta de sus errores y ofrecerle una sana dirección espiritual y hasta el sacramento de la Penitencia o Reconciliación. Ahora bien, todo lo que hay de verdadero, bueno y humanamente válido en la vida de cada persona sí puede ser bendecido y santificado gracias a la bendición descendente que puede impartir un ministro ordenado (diácono, presbítero, obispo)
Hay bendiciones que, aunque no se incluyan en un rito litúrgico, unen la oración de intercesión a la invocación de ayuda de Dios de aquéllos que se dirigen humildemente a Él. Dios no aleja nunca al que se acerca a Él, sino que busca nuestra conversión y que llevemos una vida lo más santa posible.
La sensibilidad pastoral de los ministros de la Iglesia debe ser educada para impartir bendiciones espontáneas que no se encuentran en el Bendicional. Todo el mundo y todas las personas necesitamos ser bendecidas por Dios.
Es verdad que no merecemos que Dios nos bendiga, pero también es verdad que estamos necesitados de sus bendiciones.
La Iglesia, como la Virgen María, es mediadora de la bendición de Dios para el mundo. Recibimos esa bendición acogiendo a Cristo como el único Señor de nuestras vidas.
El Señor nos ama y a nosotros nos queda tan sólo la alegría de poder bendecirle y la alegría de darle gracias y de aprender de Jesús a no maldecir, sino a bendecir (Cfr. Catequesis del Papa Francisco sobre la bendición, día 2 de diciembre de 2020).
Por tanto, tal y como decimos, el cardenal prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha manifestado que el citado vademécum preparado en Alemania no tiene en absoluto la aprobación eclesiástica. Lo mismo ha manifestado el cardenal Parolin, quien ha dicho que ese vademécum alemán contradice la declaración vaticana Fiducia Supplicans.
El mismo Papa León XIV se pronunció el pasado 23 de abril sobre el asunto y dijo que la Santa Sede ya habló con los obispos alemanes y ha aclarado que no está de acuerdo con la bendición formalizada de las parejas homosexuales y de las parejas irregulares.
Cualquier decisión debe estar de acuerdo con el Derecho Canónico, con el Concilio Vaticano II, con la Sagrada Escritura y con la Tradición de la Iglesia y su Magisterio.
La Iglesia no está solamente para sancionar, sino para evangelizar, lo cual supone anunciar a Jesucristo y su buena noticia a todo el mundo, a todas las personas. Ya vemos que el llamado comité de los católicos alemanes no va por buen camino. Sus miembros deberían reflexionar en la presencia de Dios y en actitud orante acerca de las advertencias que han recibido por parte del Papa León, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y de otras instancias plenamente fiables.
Tal y como dijo el Señor: "Que vuestro sí sea sí, que vuestro no sea no".










