En un instituto de Castilla y León, España, una profesora planteó a estudiantes de 13 y 14 años a un ‘cuestionario sobre orientación sexual’ con preguntas como estas: «¿Cuándo te diste cuenta de que eras heterosexual?», «¿Qué opinan tus padres de que seas heterosexual?» y «¿Por qué los heterosexuales hablan tanto de sus parejas?».

Y más: «¿Cómo sabes que te gustan las personas de distinto sexo si nunca has probado con alguien del mismo sexo?» o «¿No crees que es una moda ser heterosexual?». La situación se agravó cuando, contrario a lo inicialmente prometido sobre el anonimato, se exigió a los estudiantes identificar sus cuestionarios con nombres propios.

Según la docente, pretendía «hacer reflexionar a los alumnos sobre el respeto hacia otras identidades sexuales». Por su parte, las familias de los menores exigieron la devolución de los documentos, ante la ausencia de consentimiento informado para una actividad de semejante naturaleza.

Precisamente, para evitar casos como este existen mecanismos como el pin parental.

Este incidente ha reavivado el debate sobre los límites de la educación sexual en las aulas y la necesidad de protocolos claros para abordar temas sensibles con menores de edad. Las familias afectadas mantienen su derecho a emprender acciones legales, mientras la comunidad educativa espera medidas que eviten la repetición de situaciones similares.