'Se coge antes a un mentiroso que a un cojo', proclama el refranero español, y no le falta razón, si atendemos a lo sucedido en la OTAN con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Para entendernos, nos remontamos a comienzos de la semana, cuando la cumbre daba su pistoletazo de salida. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvía a cargar contra Sánchez y contra el país: anunciaba que se cortaba todo comercio con España y acusaba al Ejecutivo de no cumplir por seguir negándose a llegar al 5% del gasto en defensa. 

Ojo, que como hemos repetido en muchas ocasiones Trump es un horror en la forma y un pensador sólido en el fondo, Sánchez es justo lo contrario. Es decir, el republicano tiene toda la razón en exigir que España invierta en su defensa, aunque las formas de comunicarlo le pierdan. 

Volvemos a la cumbre, los días pasan y de un momento a otro, el presidente estadounidense gira el discurso sobre nuestro país y asegura que es un "buen pagador", pasando a alabarnos: "España fue muy generosa hoy... accedieron a una solicitud de pago importante, y si no lo hubieran hecho, ni siquiera les habríamos hablado". La duda surge sola: ¿qué ha motivado este cambio de discurso? El mecanismo de propaganda de La Moncloa corre raudo a esparcir su versión: 'Aquí no ha pasado nada, Trump es un loco, a saber por qué lo dice'. El caso es que esta versión no convence ni a los propios socios del Gobierno, que han elevado sus preguntas al Congreso, saben que Sánchez está ocultando algo, y quieren conocer la verdad. "No sé exactamente a qué se refiere, solo él puede explicarlo", declaró el ministro de Exteriores José Manuel Albares.

Pero no ha hecho falta que Pedro se suba a darnos uno de sus interminables discursos en el Congreso, porque la mentira 'tiene las patas muy cortas', y resulta que Trump no era un loco, sino que un tal Sánchez estaba mintiendo descaradamente, y una vez más. 

Al parecer en Ankara ocurrió una reunión paralela, un Foro de Industria de Defensa, donde se anunciaron acuerdos comerciales por valor de 43.000 millones de euros. Semejante cantidad de fondos se destinará a la producción de material de defensa, inteligencia satélite, interceptores y munición. La vicesecretaria general de la Alianza, Radmila Shekerinska, fue la encargada de recitar uno por uno cada contrato y los países que invertían. 

Y ¡oh sorpresa!, España estaba en muchos de ellos, pese a decir Sánchez que no. Por ejemplo, nuestro país se unió a la  Alianza de Vigilancia Persistente desde el Espacio, que supone una inversión para impulsar la vigilancia costera a través de satélites. 

También se anunció un proyecto de Cooperación Industrial de Defensa Transatlántica, valorado en 2.400 millones de euros, para "adquisiciones de sistemas navales, misiles antibuque conjuntos y bombas de pequeño diámetro". Nuestro país apareció además en la lista de siete países que costearan la flota de aviones militares Airbus A400M. Ese avión militar que durante tantos años ha sido una pesadilla para España: a pesar de que aquí sólo se ensamblaban las piezas diseñadas y fabricadas en Francia y Alemania, estos socios no dudaron en montar una gran mentira y calumniar a los ingenieros españoles tras el accidente que tuvo lugar en mayo de 2015 en Sevilla. Ahora resulta que los aviones no eran tan malos como decían y otras seis países quieren financiarlos. Vaya... igual sí que habia algo de estrategia maliciosa por parte de franceses y alemanes. 

Aunque aún no hay cifra, sí se puede deducir que la inversión de España en defensa crecerá y llegará a un monto importante, lo que ha provocado la alegría de Trump, que tras año y medio luchando, parece que ha conseguido que Sánchez pase por el aro. Pero ojo, no se piensen que este cambio de Sánchez es altruista o que se ha dado cuenta que hay que protegernos, no, el tema es que el ridículo que provocaba su persona en el exterior ya era insoportable. Dentro de nuestras fronteras no le va muy bien, se queda sin socios, y las encuestas le castigan semana tras semana. Su balsa de salvación era el exterior, sus colegas europeos, pero se dieron cuenta de sus mentiras y del bochorno que cometía con la negativa a sumarse al gasto en defensa que todos estaban aceptando. Y eso Pedro no puede permitirlo.