Hace poco más de un año, el 20 de enero de 2025, Donald Trump regresaba a la Casa Blanca. Estamos acostumbrados últimamente a escuchar el término ‘acontecimiento histórico’, lo cual ha hecho que, en cierta medida, dicha expresión haya perdido su correcto significado. Sin embargo, la victoria y regreso de Trump a la Casa Blanca sí constituyó una auténtica cita para la historia, dado que habría que remontarse hasta el siglo XIX, cuando el entonces expresidente Grover Cleveland se midió al presidente Benjamin Harrison, quien le había arrebatado la Casa Blanca en las presidenciales cuatro años antes. Cleveland se cobró la venganza y le venció en 1892, convirtiéndose en el único presidente que ha ejercido en dos mandatos no consecutivos, una hazaña que sólo Cleveland había logrado en la historia de Estados Unidos y que logró repetir Donald Trump… 132 años después. Así, Trump tiene el honor de ser el cuadragésimo quinto y cuadragésimo séptimo presidente de Estados Unidos.
Trump se ha visto obligado a lanzar muchas iniciativas en diversas materias, para confrontar el pésimo legado de la Administración de Joe Biden y Kamala Harris, que dejó como herencia una grave crisis de crimen y delincuencia, una deplorable situación económica para las familias estadounidenses, así como numerosas medidas liberticidas, especialmente durante la pandemia del Covid-19. Todo bajo la sombra de la corrupción de la familia Biden, no podemos olvidar que el demócrata salió de la Casa Blanca indultando a su propio hijo Hunter.
La lucha contra la ideología woke impulsada por los demócratas, ha sido uno de los ejes fundamentales del segundo mandato de Trump, siendo clave la figura del secretario de Estado, Marco Rubio, que ha desmantelado gran parte del entramado woke en la influyente secretaría de Estado estadounidense.
En el plano económico, el presidente ha iniciado una política arancelaria, en gran medida para confrontar al régimen comunista chino. La defensa de la independencia energética y otras medidas de carácter liberal, especialmente en el plano fiscal, han hecho que la economía estadounidense haya crecido, durante el tercer trimestre del año a un ritmo muy superior al estimado por los analistas, hasta el 4,3%, iniciándose una notable recuperación económica.
La lucha contra el crimen y contra el tráfico de drogas ha sido otro de los principales objetivos de la Administración Trump-Vance, que ha llegado a desplegar a la Guardia Nacional y a los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas en ciudades como Chicago, Washington DC o Minneapolis, donde los demócratas, en lugar de colaborar con las fuerzas del orden han tratado de obstaculizar su actuación.
Otro de los grandes éxitos ha sido la política migratoria, donde tras la grave crisis humanitaria generada en la frontera por Biden y Harris, la Administración Trump ha logrado reducir en un 90% los saltos de inmigrantes ilegales en la frontera sur. La clave ha sido la contundencia en la lucha contra las mafias de tráfico de personas.
Pero, sin duda, uno de los grandes planos de actuación del republicano ha sido la política exterior. A su iniciativa se han alcanzado los acuerdos de paz entre Israel y Gaza, Armenia y Azerbaiyán, y sigue el inquilino del Despacho Oval tratando de alcanzar un acuerdo para poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania. También destaca la intervención militar en Irán, que dejó severamente dañadas las instalaciones nucleares del régimen fanático islámico de los ayatolás, así como la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, que se encuentra ya a disposición de la justicia estadounidense.
Un año en el que mientras Trump ha buscado y sigue buscando que EEUU regrese a sus valores tradicionales, los demócratas que, además de perder la Casa Blanca, son minoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, así como en los ejecutivos estatales, han abrazado aún más si cabe el radicalismo, hasta el punto que su líder más relevante elegido este año es el nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, autodenominado como “socialista y musulmán”, que ha llegado a primer regidor de la ciudad más poblada de EEUU con el apoyo de la facción más extremista de izquierda del partido liderada por el senador Bernie Sanders y las congresistas Alexandria Ocasio Cortez e Ilhan Omar.
A pesar de las muchas luces, también han existido sombras, por cuanto ha sido un año duro para los trumpistas, que han perdido a uno de sus principales referentes en la sociedad civil, Charlie Kirk, asesinado de manera vil por el izquierdista radical Tyler Robinson el pasado mes de septiembre.
Trump ha mantenido unos datos de popularidad superiores a los que ostentaron, por ejemplo, el demócrata Barack Obama o el republicano George W. Bush durante el primer año de su segundo mandato presidencial.
Y otra de las grandes esperanzas para el trumpismo, es que se va dibujando cada día de manera más evidente la sucesión, por cuanto Trump no podrá optar a un tercer mandato presidencial de conformidad con la Vigesimosegunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos. No falta banquillo desde luego en el lado republicano, pero el propio Trump ya ha manifestado que un ticket electoral compuesto por los dos principales activos del trumpismo, el vicepresidente, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, sería imparable en las urnas.














