Como hemos venido contando en Hispanidad, los primeros meses en la Casa Blanca del segundo mandato del ya presidente de Estados Unidos, Donald Trump, están suponiendo una auténtica revolución, con numerosos decretos presidenciales que persiguen poner fin al progresismo radical de la Administración de Joe Biden y Kamala Harris que llegó a su término el pasado 20 de enero.

Una de las medidas más criticadas el fin de las operaciones de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), creada en 1961 y considerada durante décadas como el mayor distribuidor de ayuda humanitaria en el mundo.

Es evidente el 'cierre de grifo' que la Administración Trump-Vance está llevando a cabo en todos los sectores, a la vista del derroche de fondos por parte del anterior Gobierno. Así, el dinero de los estadounidenses puede dedicarse a objetivos más sensantos. En concreto, la Usaid se encontraba en proceso de desmantelamiento desde febrero pasado, cuando comenzaron los recortes del gasto público.

El cierre definitivo lo ha anunciado el secretario de Estado, Marco Rubio, en un comunicado, asegurando que la Usaid no ha logrado cumplir sus objetivos desde el fin de la Guerra Fría, más allá de haber creado una red de ONG que han vivido “a expensas de los contribuyentes estadounidenses”.

Y parece que algo de razón tenía Trump, Rubio y Vance a la vista de las declaraciones del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, que ha denunciado en sus redes sociales que sus temores «se han hecho realidad». Según el hungaro muchas de las ONG del magnate George Soros, uno de nuestros peores ciudadanos, estarían trasladando sus actividades a Bruselas con la intención de encontrar refugio en Europa.

Hablaríamos de más de sesenta entidades las que ya han solicitado apoyo económico a las instituciones comunitarias bajo el paraguas de proyectos de derechos humanos, algo que Orbán rechaza al asegurar que «no permitiremos que encuentren un refugio seguro en Europa».

«Los archivos de USAID expusieron las prácticas oscuras de la red globalista. ¡No volveremos a caer en la trampa!».

Para Orbán, el traslado masivo de estas organizaciones es un intento de mantener vivo un entramado político-ideológico que busca influir en los Estados miembros a través de la financiación comunitaria.

Al mandatario europeo al que le encantará la noticia es a nuestro querido y amado líder Sánchez, que, aunque se haga el loco, tiene una larga y buena relación con la familia Soros.