Con el comunismo cubano, o venezolano, sí se puede negociar, porque tienen historia, historia hispana, es decir cristiana. La técnica de Trump, el último estadista cristiano que nos queda, es: no mato al pueblo sino que descabezo al tirano y así acabo con la tiranía, con un número mínimo de muertos, ha funcionado en Venezuela y puede funcionar en Cuba porque, en esos dos países, España introdujo a América, también a los actuales Estados Unidos, en la civilización cristiano-Occidental. 

Pero la técnica de Trump con Nicolás Maduro no funciona en Irán, porque Persia está dirigida por fanáticos que han hecho en medio siglo una minoría rectora muy fanatizada y una multitud de zombies sumisos, carentes del arma que sólo Cristo puede otorgar: la dignidad imbatible de quien se sabe Hijo de Dios.

Trump debe continuar la guerra que ha empezado, no por el petróleo, sino para liberar a los iraníes de los ayatolás. El orden mundial surgido en 1945 ha permitido la proliferación de todo tipo de intocables tiranías. Por tanto, debe terminar

Ahora bien, lo que está ocurriendo en el proscenio internacional no es eso. Vayamos por partes, que dijo Jack el Destripador: la confundida Europa se enfrenta a su amigo Trump, en lugar de a su enemigo Irán. Increíble pero cierto. 

La decadente Bruselas repite el estúpido aforismo cuartelero: "que se fastidie el sargento que no me como el rancho"... sobre todo porque su actitud favorece la invasión musulmana de la Europa cristiana, que es lo que debería preocupar a los europeos en este momento.

Una invasión no militar, ojalá fuera así. sino empleando como misiles a sus mujeres y sus niños y al cada día más estúpido Estado del Bienestar europeo, que ha convertido a Europa en una fábrica de vagos.

En el siglo XXI, hemos dado un nuevo paso: la blasfemia contra el Espíritu: no sólo no tocamos a los tiranos sino que les alabamos. En nombre del multilateralismo, llamamos bueno a Xi Jinping y malo a Trump

Trump debe continuar la guerra, no por el petróleo sino para liberar a los iraníes de los ayatolás. El orden mundial surgido en 1945 ha permitido la proliferación de todo tipo de tiranías. Por tanto, ese orden debe terminar. Les recuerdo que ese multilateralismo, ese imperio de la ley, ese mundo de reglas... es el que ha permitido que los ayatolás lleven casi medio siglo oprimiendo a los iraníes o a Chávez y Maduro destrozando a los venezolanos durante un cuarto de siglo.

En el siglo XXI, hemos dado un nuevo paso: la Blasfemia contra el Espíritu: no sólo no tocamos a los tiranos sino que les alabamos. En nombre del multilateralismo, llamamos bueno a Xi Jinping y malo a Trump.

A todo esto, ¿existe el peligro de guerra global? Por supuesto que sí, pero también existe la guerra justa, un concepto olvidado... y no da lo mismo Israel que Irán o Washington que Pekín. 

En este sentido hay que recordarle a Trump, que está guerra empezó -así lo dijo- para liberar a los iraníes: la ayuda ya está en camino, rebelaos. Pues ahí es donde debe perseverar y ahí es donde Europa debería ayudarle: a terminar con la república Islámica de Irán y ayudar a los iraníes a recomponerse. Así, y sólo así, conseguirán que Irán deje de ser un faro del terrorismo mundial fanatizado.

¿Existe el peligro de guerra global? Por supuesto, pero también existe la guerra justa... y no da lo mismo Israel que Irán o Washington que Pekín. Y cuidado: no se nos esté terminando 'el tiempo de las naciones'

Y cuidado: no vaya a ser que se nos esté terminando 'el tiempo de la naciones' y todo esto de lo que estamos hablando se quede en un brindis al sol. Porque el siglo XXI no es un siglo donde la violencia se haya disparado: es, sencillamente, un mundo violento... porque ya no distinguimos entre el bien y el mal e incluso tenemos el descaro de llamar bien al mal y mal al bien (blasfemia contra el Espíritu Santo). El orden multilateral no lo ha roto Donald Trump: lo ha roto un mundo descristianizado donde hemos permitido, usted y yo, que imperara la ley de la selva, esa ley del más fuerte que el aclamado multilateralismo no ha hecho otra cosa que fortalecer, porque no ha querido, vivíamos muy cómodos, ponerle coto. Como la tiranía iraní.