"Nada dura, sino la verdad", dijo Renan. Que no deja de ser otra forma, más solemne, más francesa, de explicar el adagio popular español de que la mentira tiene las patas cortas o ese otro de que se coge antes a un mentiroso que a un cojo.
Y la verdad es que la guerra de Trump es un buen modelo de guerra, aunque ninguna guerra es buena porque muere gente, lo sé. Consiste en un a modo de tiranicidio, es decir, una guerra justa, ha funcionado en Venezuela, y espere funcione en Cuba, pero no en Irán. Al parecer, los iraníes son más fanáticos que los venezolanos. No son hispanos.
Encima, el maravilloso derecho internacional que enarbolan Sánchez o Albares no ha servido para derrocar a la cruel República Islámica de Irán durante casi medio siglo... aunque el éxito se espera a cada instante.
Pero la verdad es esa: Trump comenzó esta guerra para repetir su hazaña en Venezuela: secuestrar al tirano y conseguir un cambio de régimen -ya veremos si se consuma- con una operación de comando sin pérdidas civiles y reduciendo el número de víctimas a los gorilas cubanos del tirano.
Pero lo cierto es que en Irán, Trump no ha conseguido derribar a la feroz tiranía de los ayatolás ni ha surgido del propio engendro islámico 'un' ayatolá, de nombre Daisy, dispuesta a cambiar el régimen... en cuyo caso se arreglaría todo el problema del estrecho de Ormuz y todo el drama petrolero.
Trump no sólo no consigue el apoyo europeo, sino tampoco el apoyo de los países del Golfo Pérsico: Arabia, Kuwait, Catar, Emiratos o Barhein
Por cierto, resulta muy curioso que Europa, la decadente Unión Europea, solo se enerve cuando le tocan el bolsillo, sin darse cuenta de que, de esta forma, no tardarán mucho en tocarle su propia existencia.
En cualquier caso, lo último es que Trump ha amenazado con "arrasar" Irán en una sola noche, mientras Teherán, envalentonada y más fanatizada que nunca, exige que se acaben las sanciones, controlar Ormuz, supongo que con peaje de paso a cargo de Irán y que Estados Unidos pague la reconstrucción del país.
Y cuidado con el efecto dominó: Diaz Canel, en Cuba, también se ha envalentonado, y ahora regresa, retador.
Para entendernos, Estados Unidos no consigue acabar con los ayatolás: ese es el problema. Y lo peor es que el presidente norteamericano ha olvidado el único motivo que hacía justa esta guerra de ataque: liberar al machacado pueblo iraní.
A partir de ahí, cuidado con la entrada de China, que no de Rusia, en el conflicto. Xi Jinping, el mayor enemigo de la civilización cristiano-occidental. Porque si China, que no Rusia, apoyan directamente a Irán, incluso aunque no entren abiertamente en batalla. Irán podría resistir a Estados Unidos durante mucho tiempo o, aún peor, Washington sufrir la tentación de utilizar el armamento nuclear. Y eso sería la peor de las tragedia.
Recuerden que Donald Trump no sólo no consigue el apoyo europeo, sino tampoco el apoyo de los países del Golfo Pérsico: Arabia, Kuwait, Catar, Emiratos o Bahrein. Y eso también llama la atención.
En todo caso, el verdadero problema Estados Unidos no consigue acabar con los ayatolás. Porque el bueno es Washington, el malo es la República Islámica de Persia... por su nos habíamos olvidado.










