Como recogió Hispanidad, en las elecciones locales parciales del Reino Unido, el partido del primer ministro Keir Starmer -Partido Laborista- obtuvo unos malos resultados. 

Desde entonces, en su propio partido se ha producido un rebelión de más de 80 diputados laboristas (algunos medios hablan de casi 90) que han pedido públicamente su dimisión, debido a esos malos resultados electorales, pero Starmer se aferra al puesto. Es más, el laborista ha confirmado que su idea es presentarse a las próximas elecciones, donde todo apunta, según los sondeos, que los británicos virarán a Reform de Farage, que ya han bautizado como la 'extremaderecha'.

Con esta predicción hacia una política más conservadora no es de extrañar el cambio de opinión del nuevo ministro de Sanidad y Atención Social de Reino Unido, James Murray, que ha admitido en una rueda de prensa que ya no sostiene la afirmación que antaño defendía de que "las mujeres trans son mujeres".

"He cambiado lo que diría. Ya no diría esa frase", afirmó, escudando el cambio en el fallo del Tribunal Supremo, que estableció con claridad que el sexo biológico es el criterio determinante en la aplicación de la Ley de Igualdad: "El Tribunal Supremo ha dictaminado muy claramente que el sexo biológico es lo que importa cuando se trata de la Ley de Igualdad y de determinar la importancia de los espacios de un solo sexo".

Así, pasó a defender que los espacios debían quedar protegidos según el sexo biológico, también dentro del Servicio Nacional de Salud británico (NHS): "Creo que los espacios de un sólo sexo deben protegerse sobre la base del sexo, del sexo biológico, al mismo tiempo que se mantiene la dignidad de las personas trans". Y para llegar a estas conclusiones ha hecho falta una sentencia, no el sentido común.