El Banco Central Europeo (BCE) siguió el guion establecido y subió este jueves los tipos de interés un 0,25%, hasta situarlos en el 2,5%. Un parche inútil que, casi con total probabilidad, se volverá a repetir antes de terminar el año.
Christine Lagarde se mostró pesimista y pronosticó que la inflación se mantendrá “muy por encima del objetivo por mucho tiempo”. Recuerden que el IPC de la eurozona se situó en el 3,3%, en agosto, muy por encima del objetivo del 2%.
Los motivos de esta escalada de precios siguen siendo las guerras de Irán y Ucrania, particularmente su impacto en el suministro energético, especialmente en el precio del petróleo. En otras palabras, subir los tipos de interés no servirá de nada mientras el precio del petróleo siga subiendo.
Bueno, sí servirá, pero para que la factura de la deuda española se eleve por encima de los 60.000 millones de euros, cifra estimada por Funcas. Es una barbaridad y es prácticamente la misma cantidad que el presupuesto anual de España en seguridad ciudadana, cárceles incluidas.
Pero no sólo el crudo: “Los precios del gas podrían aumentar en caso de nuevas interrupciones en el suministro o un invierno inusualmente frío que coincida con bajos niveles de almacenamiento”, afirmó durante la rueda de prensa.
Y esto es bello e instructivo, porque la propia Lagarde admitió que la inflación actual es de falta de oferta -de oferta energética-, no de exceso de demanda. Y la actual política monetaria no se diseñó para combatir la inflación por escasez de oferta sino para hacer frente a la subida de precios por exceso de demanda.
Entonces, ¿servirán las subidas de tipos para atajar el alza del IPC? No. Sólo conseguirán aliviar los síntomas de la enfermedad durante un tiempo, pero no servirán para curar la enfermedad. No nos cansaremos de insistir: lo que necesita Europa actualmente es aumentar la producción, no reducir la demanda.
La noticia esperanzadora es que la propia presidenta del BCE habló de la necesidad de abordar “reformas estructurales” para impulsar el crecimiento económico de la eurozona. Eso sí, asentadas en unas “finanzas públicas sólidas”. Estamos ‘apañaos’.