
Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta por el Partido Popular, parece haberse caído de un guindo tras la brutal entrada de 75.000 fulanos por la frontera.
Por fin. De regalar ovejitas para la fiesta musulmana del cordero a los islámicos ceutíes y de considerar a los de Vox sus peores enemigos, el presidente ceutí ha cambiado de signo. Nunca es tarde si la dicha es buena.
Tras su entrevista con el cínico de Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior, un desconocido Vivas dejó clara la situación y las mentiras del Gobierno sanchista: ninguna regularización, ningún asilo, ningún traslado a la península... de ni uno sólo de los entrantes.
Además, retorno forzoso de todos y cada uno de los que entraron ilegalmente el jueves 30 de julio... y aquí entra el asunto de renovar la legislación, para que los menas puedan ser devueltos y enseñarles los dientes al miserable de Mohamed VI para que tenga que aceptar las balas humanas que ha soltado sobre la plaza española de África.
Por cierto, el propio Vivas puso de manifiesto que Marlaska miente y asegura que todo ha vuelto a la normalidad: calcula en 8.000 personas, una décima parte de la población de Ceuta, que aún pululan por las calles de la ciudad.
Lo que no dice Vivas es que, para volver a la normalidad, a que los ceutíes no tengan miedo, se precisa reforzar militarmente Ceuta y Melilla.












