Mateo 18, 15-20. En este pasaje el Señor, como Rabbi, nos enseña cómo tenemos que actuar en nuestras relaciones con los demás. En la familia, en el trabajo y en la sociedad, muchas veces, no sabemos hablar a tiempo, escuchar con humildad o perdonar de corazón. Jesús nos propone otro camino: hablar con verdad, corregir con caridad, pedir perdón sin orgullo y perdonar sin llevar cuentas. Necesitamos una actitud humilde de corazón ante nuestras faltas para dejarnos corregir a la vez que nosotros debemos corregir sin herir y con una misericordia grande para perdonar como nosotros somos perdonados, no debiendo ser como el siervo que perdonado por el señor fue incapaz de perdonar a su deudor (Mateo 18, 21-35).

La promesa de estar presente allí donde dos o tres se pongan de acuerdo en la tierra para pedir algo nos debe llevar a la necesidad de compartir con los demás vivencias y sentimientos, para buscar juntos la voluntad del Padre que quiere que todos se salven (1 Timoteo 2,4) y que nos ha creado por amor, pero respeta totalmente nuestra libertad, no salvándonos a la fuerza, por eso, nuestro trabajo, como decía Ignacio de Loyola debe ser ayudar a las almas” a cumplir esta finalidad.