
En el amanecer, en el cenit, en el atardecer
de una nación, de una vida, de un pueblo,
una serpiente, un maligno, un hombre oscuro,
para cambiar el camino emprendido, suele aparecer.
Y el camino que a la luz, a la heroica conducía,
que con austeridad, esfuerzo, sacrificio se seguía,
es dejado por otro, aparentemente más fácil,
que lleva al abismo: a la nación, al pueblo, a la vida.
O también se deja ese camino de luz y de heroica,
cuando la serpiente, el maligno o el hombre oscuro,
se sirve de la ambición y la soberbia, con violencia;
dejando heridos por miles y muertos por cientos.
Y cada vez que la nación, la vida o el pueblo,
volver al camino de luz pretende, y renacer quiere,
el hombre oscuro, suele ser el que aparece,
y anuncia desgracias, si decir la verdad se quiere.









