Ya se sabe que al Gobierno Sánchez le preocupa muchísimo el cambio climático, pero como se le da demasiado bien la demagogia y la propaganda, una cosa es lo que dice y otra lo que hace. Así se ha podido ver a raíz de la última Cumbre de la OTAN que se ha celebrado en Ankara (Turquía), pues no ha tenido el más mínimo reparo en movilizar tres aviones del Ejército del Aire... y emitir el mismo CO2 que un coche en 12 años al trasladar por separado a Pedro Sánchez, José Manuel Albares y Margarita Robles.

En total, seis vuelos que han emitido 148,41 toneladas de CO2 a la atmósfera y han costado a las arcas públicas españolas 73.948 euros, según los datos de la web Falcon DespegaFalcon Despega. Y eso sí, como Sánchez ha volado de Ankara a Londres para la graduación de una de sus hijas, aún habrá que sumar las cifras de su regreso desde la capital británica a Madrid. Una graduación a la que también ha podido acudir Begoña Gómez.

 

Volvamos a los viajes a la Cumbre de la OTAN. Ni corto ni perezoso, Sánchez viajó sólo (como a su esposa no le dejó ir el juez Antonio Viejo, sustituto de Juan Carlos Peinado, quien está de vacaciones...) en un Airbus A-310 del Ejército del Aire. Un vuelo que costó 18.106 euros y emitió 45,54 toneladas de CO2 (el equivalente a un coche durante cuatro años). Y desde Ankara tomó el mismo avión para ir a Londres, a la graduación de una de sus hijas, gastando otros 18.232 euros y emitiendo otras 46,85 toneladas de CO2 (otros cuatro años de coche).

Tampoco fueron muy considerados los ‘climáticos’ Albares y Robles, que viajaron en solitario en dos Dassault Falcon 900, en lugar de compartir uno. El ministro de Exteriores ha gastado más de 9.000 euros en cada trayecto, emitiendo el CO2 equivalente a dos años circulando en coche. Y la titular de Defensa ha gastado también más de 9.000 euros en cada vuelo y ha lanzado a la atmósfera el equivalente a dos años de un coche. ¡Olé y olé!

Y no hay que olvidar que hace cuatro años, Sánchez apostó por dejar de usar corbata en verano... para ahorrar energía. Algo que hace en los actos en nuestro país, al igual que el resto de miembros masculinos del Gobierno. Eso sí, la medida se le ha olvidado en la Cumbre de la OTAN donde no ha dejado la corbata... y no ha ahorrado energía.