Cada verano, España contempla con impotencia cómo miles de hectáreas arden en incendios que parecen inevitables y cómo no se recuperan esas tierras que un día eran verdes y ahora quedan en restos quemados y grises a los que espera una recuperación larga y penosa.
Sin embargo, no todo puede explicarse por el calor, la sequía o el viento. Hay una causa silenciosa, acumulada durante años, que convierte nuestros montes en auténticos polvorines: la biomasa abandonada. Ramas secas, matorral, restos forestales y materia vegetal sin gestionar se acumulan año tras año mientras las Administraciones miran hacia otro lado. Esa biomasa, que podría ser una fuente de energía renovable y una oportunidad económica para el medio rural, termina convirtiéndose en combustible para incendios devastadores.
El aprovechamiento energético de la biomasa consiste en transformar restos forestales, agrícolas, ganaderos o industriales de origen orgánico en calor, electricidad o biocombustibles. Hoy dia, por ejemplo, está abandonada la producción de carbón vegetal que tanto ayudaba a la conservación de nuestros bosques. No se trata de talar bosques indiscriminadamente, sino de utilizar residuos que ya existen y que, si no se gestionan, pueden convertirse en un problema ambiental. Calderas de biomasa, redes de calor, plantas de generación eléctrica o instalaciones de biogás permiten dar valor a un recurso cercano, renovable y muchas veces desaprovechado.
Además, su uso puede reducir la dependencia de combustibles fósiles importados, crear empleo local y favorecer la economía circular. En muchas zonas rurales, la biomasa no solo representa una fuente de energía, sino también una oportunidad para fijar población, mantener oficios vinculados al monte y convertir la prevención de incendios en una actividad productiva. Eso sí, para que sea realmente sostenible, debe gestionarse con criterios técnicos, respetando los ciclos naturales, la biodiversidad y la capacidad de regeneración de los ecosistemas.
Quienes rechazan cualquier aprovechamiento energético alegando emisiones de CO₂, olvidan una evidencia incómoda: cuando la biomasa arde de forma incontrolada, las emisiones, los daños ambientales y las pérdidas humanas y económicas son muy superiores
El debate no debería plantearse como una elección entre conservar la naturaleza o aprovechar los recursos forestales. Precisamente, una gestión responsable de la biomasa puede contribuir a proteger los bosques, reducir el riesgo de incendios y generar energía de proximidad. Recoger y utilizar esos restos vegetales en instalaciones adecuadas no significa destruir el monte; significa cuidarlo antes de que el fuego lo arrase. Quienes rechazan cualquier aprovechamiento energético alegando emisiones de CO₂, olvidan una evidencia incómoda: cuando la biomasa arde de forma incontrolada, las emisiones, los daños ambientales y las pérdidas humanas y económicas son muy superiores. La cuestión, por tanto, no es si la biomasa va a quemarse, sino quién decide cómo, cuándo y con qué finalidad. España necesita una política forestal seria, estable y coordinada, que combine prevención, limpieza de montes, inversión en plantas de aprovechamiento energético y apoyo a los municipios rurales. Dejar la biomasa abandonada no es una postura ecológica; es una negligencia. Porque la biomasa, si no se gestiona, no desaparece: espera. Y cuando llega el fuego, nos recuerda demasiado tarde que aquello que pudimos convertir en energía se convirtió en ceniza.
Desgraciadamente en España la potencia eléctrica instalada asociada a biomasa y biogás está actualmente en el orden de los 4.633 GWh, un 1,70% de la producción total, que es una cifra muy modesta si se compara con la eólica y la solar, que resultan solamente utilizables cuando hay sol o se mueve el viento, siendo ambas un factor degradante del paisaje y del medio rural ,al ocupar espacios que estaban destinados a la producción agrícola. Es necesario que en la planificación energética se dé una mayor importancia a esta fuente de energía haciéndola llegar las subvenciones y ventajas que otras fuentes reciben.