Excelentísimos y Reverendísimos Señores:

Me dirijo a ustedes en esta noche, desde la responsabilidad y el deber que me obligan, como hijo fiel de la Iglesia y como presidente de la Unión Católico-Tradicionalista. No es la rabia ni el desprecio lo que mueven esta carta, sino la incomprensión y la indignación que, a mí, y a muchos como yo, nos provoca la actitud del episcopado ante las leyes que se aprueban, cada día, desde el Estado ateo y anticatólico atentando contra la moral y el orden natural. Como bien habrán sabido, el Consejo de ministros ha anunciado esta semana la aprobación de inscribir el asesinato de nonatos -mal llamado aborto- como un derecho en la Constitución Española. Todos sabemos que la Constitución es una infamia en sí misma, pero es nuestro deber defender siempre y en cada lugar la verdad, aunque sea en el abismo. Es preocupante que, ante noticias de este calado, la pregunta que nos ronde a todos los católicos sea:

¿Qué va a hacer la Conferencia Episcopal ante el asesinato de 100.000 niños no nacidos cada año en España? ¿Un comunicado? ¿Una nota de prensa con la boca pequeña? ¿Un llamamiento al diálogo? Ustedes, como representantes jerárquicos de la Iglesia, son los únicos que ostentan la autoridad para dictar la moral; y ha llegado la hora de que la ejerzan. No pueden seguir igualando la verdad y la mentira con el pretexto de no pronunciarse políticamente. No pueden seguir poniéndose de perfil ante los avances del mal en nuestra sociedad. Es vuestro deber hacer un llamamiento a todos los diputados de la nación. No es compatible apoyar o abstenerse ante leyes infames y seguir recibiendo los sacramentos como si nada hubiera pasado. La conciencia del católico no acaba con el dios de la democracia; sino que se eleva sobre ella y nos lleva a poner a Cristo en el centro. Frente a todo y contra todo. Alzando la voz como lo hicieron los santos y los mártires que nos precedieron. Por defender la verdad. “Memento Mori”: Recuerda que morirás. Este llamamiento es el que debe moveros cada vez que recibís la mirada de vuestros hijos. Atenta. Suplicante. Esperanzada. Decepcionada.

¿Cuántos católicos creen que es un derecho el aborto o la eutanasia? ¿Cuántos creen que es compatible con su fe? Créanme que muchos más de los que piensan. La responsabilidad de ello es directamente del clero que evita señalar el mal por evitar la crítica y el escarnio, para escándalo y perdición de los fieles. Memento Mori. Esta vocación no es casual. Es una flecha directa al alma de cada uno de nosotros. A nuestro deber de ser fieles a Cristo siempre; porque moriremos y seremos pesados por nuestras culpas y omisiones. Todos. Por cada una de ellas. Sin saber cuándo. Sin opción de rehacer lo hecho. No somos ingenuos. Sabemos que vuestro ministerio no siempre es fácil. Lo sabemos. Y aun así no os excusa. Cada día hay laicos y clérigos que se juegan la vida por asistir a la Santa Misa o poder confesar. Por fidelidad a Cristo. Habéis tenido múltiples ocasiones para dar la cara. La oportunidad de enseñar el rostro de la verdad. Y habéis fallado. Han sido muchos los avances que se han dado en materia de asesinato de nonatos y de enfermos, el último hito con una herida muy reciente y que sigue doliendo: Noelia. Y no habéis estado a la altura. No me dirijo a ustedes para exigiros cuentas por vuestros errores y cobardía; no me corresponde. Vengo a que despierte en vosotros el fuego abrasador del Espíritu Santo para que defendáis, de una vez por todas, a Cristo y su Iglesia. Tenéis una oportunidad de oro de actuar conforme a la doctrina y la moral católica. Podéis levantar una bandera por Cristo. Podéis poner freno a estos escándalos. Solo falta la determinación de quien se sabe hijo de Dios y de quien es consciente que la victoria es de Cristo. Os pedimos, simplemente, que ejerzáis como obispos. No como diplomáticos. Ni como ejecutivos. Como obispos católicos fieles a Cristo y al Evangelio. No somos el enemigo. No somos algo lejano. Somos los jóvenes y las familias que ayudan en las parroquias de vuestras diócesis y a los que conocéis en cada visita pastoral. Somos, en definitiva, hijos cansados de que su Madre guarde silencio cómplice y no sepa o no quiera defender la verdad.

La historia de la iglesia está llena de momentos en los que hubo que tomar una decisión: Cristo o el mundo. Los que eligieron a Cristo, hoy están en los altares por su ejemplo. Los otros, solo Dios sabrá a qué precio les fue cobrada su cobardía y su traición. Este es vuestro momento. No lo desperdiciéis. Sin otro particular, reciban mis oraciones más sinceras por su persona e intenciones. No nos fallen. Javier Pastor Domínguez. Presidente de la Unión Católico-Tradicionalista