El presidente de Gas Natural (GN), Antonio Brufau, sólo tuvo un lapsus, en un momento en el que bajó la guardia: "Las empresas estamos por encima de los cambios de ejecutivos". O usaba el término "ejecutivo" como sinónimo de cambio de Gobierno, o realmente estaba diciendo algo de lo que muchos, por ejemplo toda la clase periodística presente en la Junta de Accionistas de GN, celebrada en Barcelona en la mañana del miércoles 14, está convencida: que el vuelco electoral va a propiciar una serie de fusiones en todo el sector energético español, el sector económico más estratégico de todos. Y es cierto que los cambios políticos no tienen por qué provocar cambios en las cúpulas empresariales: no tiene por qué, pero el hecho es que los provocan.

 

Todos están convencidos de que se avecinan fusiones en el sector, menos Brufau y sus colegas. Hasta por cinco veces se le preguntó por posibles operaciones de concentración al hombre que protagonizó la OPA más sonada, y fallida, del sector: la de GN sobre la eléctrica Iberdrola. Se empeñó, qué otra cosa podía decir, en defender que la llegada de Montilla al Ministerio de Industria y de Zapatero a La Moncloa nada tenía que ver con las posibilidades de uniones en el sector, especialmente de uniones con un apellido muy repetido en el sector: integrales, es decir, uniones de eléctricas y petroleras o gaseras.

 

El futuro de la energía apunta hacia esa posibilidad, lo que hace revivir en España aquel viejo esquema, nacido en el seno del Santander Central Hispano: crear dos grandes compañías integrales de energía compuestas por Repsol YPF-GN-Iberdrola, por un lado, y Endesa-Fenosa-Cepsa por el otro. La primera, hoy más que nunca, sería la empresa catalana, toda vez que el BBVA abandona la industria y La Caixa se queda como único accionista de referencia; la segunda sería la empresa energética madrileña, española, cuyo principal soporte financiero o accionista de referencia sería el SCH y Cajamadrid, propietaria del 5% de Endesa. Sólo que, como Botín, nada quiere saber de industria, por lo que resulta que la responsabilidad recae sobre Cajamadrid y el resto de cajas presentes en los accionariados de Endesa y de Fenosa. ¿Y por qué sería catalana la unión de Iberdrola, Repsol y GN? Pues, entre otras cosas, porque los socialistas, en concreto el PSC catalán, apoyaron con entusiasmo la OPA sobre Iberdrola. Quien la vetó fue la Comisión Nacional de la Energía, o sea, el Gobierno central, o sea, Rodrigo Rato, o sea, el PP.

 

"No estamos estudiando ninguna operación", afirma Brufau, pero si lo estuvieran haciendo, "¿no esperarías que te dijera que sí?", respondió a otro colega. "Yo no veo relación entre el cambio de Gobierno y una operación de fusión", pero la insistencia hizo exclamar a otro colega: Recuerde usted que estamos en un sector regulado (especialmente el eléctrico, pero también el petrolero). Es igual: para Brufau, la OPA sobre Iberdrola es historia, pertenece al pasado. Y eso también es cierto, pero el comienzo del camino hacia la creación de esas dos macroempresas energéticas españolas podría ser que La Caixa se hiciera con Repsol YPF o mandara más en la petrolera, algo que Alfonso Cortina no puede admitir. Para nuestros lectores hispanos se hace necesario explicar el galimatías. Por una parte, La Caixa es el primer accionista de Repsol YPF, con un 12,5% del capital. Por otra, posee casi un 35% de Gas Natural que, a su vez, está participada por Repsol en un 30%. La Caixa, y no digamos nada el catalanismo, siempre ha considerado que este cruce tan especial de títulos hace que a la primera caja de ahorros catalana no se le reconozca el trozo de poder que le corresponde en la entidad.

 

Luego está lo de José Montilla, nuevo responsable del renacido Ministerio de Industria. Montilla es un socialista que si hubiera nacido 50 años atrás sería partidario de la revolución violenta. Pero emigrante, de origen andaluz, en Cataluña, se nos ha vuelto, como los González y Martínez, de Rentaría (localidad vasca de donde han salido tantos proetarras), más ultranacionalista que los Jordi, de Pedralbes y el Barrio de Gracia. Montilla fue el que se enfrentó a Zapatero afeándole sus dudas sobre el pacto de los socialistas catalanes con los republicanos independentistas de ERC y con los comunistas, rojos como el fuego, de IC-Verds. Montilla es el que habló (y luego remachó su jefe de filas, Maragall) de ámbito catalán de co-decisión. Muchos se preguntan cómo es que Zapatero le ha nombrado ministro. Pues, por lo de siempre. Por el momento, Zapatero no se dedica a pactar con otros grupos políticos: le basta con el trabajo de pactar con su propio partido, especialmente con los socialistas catalanes. Y si en su día Montilla apoyó la OPA de GN sobre Iberdrola, con más razón apoyaría ahora el premio gordo: Iberdrola más Repsol YPF, todo en el mismo saco, y con sede social en la Diagonal de Barcelona.

 

Pero Brufau insiste: "Gas Natural es una empresa catalana, española y global". No quiere interferencias políticas, aun cuando sabe perfectamente que es imposible evitarlas, simplemente porque se van a producir. Mejor dicho, ya se están produciendo. Y si se lo peguntan a Montilla, o a cualquier alto cargo socialista, negará tales interferencias con la misma contundencia con que un gobernador del banco central debe negar una inminente bajada de tipos.

 

A nadie debía extrañarle que lo que un día quiso hacer, ahora le encarguen hacerlo. O al menos se lo sugieran. A fin de cuentas, ¿qué tienen las eléctricas? Redes capilares que llegan a todos los hogares. ¿Qué tienen las petroleras? Pues tienen músculo financiero. Y como el negocio energético empieza a estar marcado por el gas (ciclo combinado o quemar gas para obtener electricidad), lo cierto es que no es ninguna tontería pensar en las dos fusiones antes dichas. Todo encaja. Casi lo impone el sentido común. Y cuando el sentido común se une a los intereses de los directivos y a los intereses políticos, entonces la tendencia se vuelve irresistible.