Un problema no puede ser la solución como una premisa no puede ser la conclusión: el ceo de Indra, José Vicente de los Mozos, ha pasado de prejubilable -se conformaba con jubilarse con el bonus que satisfará este año 2026- a máximo ejecutivo de la empresa de moda en bolsa.
Esa mentalidad de prejubilado le ha llevado a olvidar que Indra es una empresa singular: le sobran los ingresos, la principal preocupación de cualquier empresa del IBEX, pero le falta capacidad industrial para rentabilizar esos ingresos asegurados. Esa no es tarea crepuscular.
En todo caso, en vísperas del Triduo Pascual, y ante el enfrentamiento entre los Escribano (14,5%) y el Gobierno Sánchez (26,7%, con el dinero de los demás), Ángel Escribano dimite como presidente. La SEPI, el Gobierno, advierte que el próximo presidente será Ángel Simón, ex consejero delegado de Criteria.
La ingeniería de armamento española va sobrada de ingresos, de un único cliente: El gobierno. Pero, ¿cómo y en qué los empleará? Por el momento, no está asegurado que pueda cerrar los contratos que vencen en 2028.
Esto es: un nuevo intervencionismo grosero del Sanchismo en una empresa de mayoría privada y cotizada en bolsa. Propiciada por la 'operación abyecta', que los Escribano se empeñaron en realizar desde el primer momento. Eso sí, eligieron a un gestor con 'pedigrí' pero para no hacer de gestor.
En suma, que estamos ante una salida en falso: Ángel Simón no será ejecutivo, a pesar de que si alguien tiene experiencia industrial es él.
Nos enteramos, con cierta horas de retraso tras el primer impacto, con nocturnidad y desconozco si con alevosía, de que se suprimía la Presidencia ejecutiva y de que el mandamás iba a ser De los Mozos.
Y el problema es que De lso Mozos ni tansiqueira se opuso, sólo al principio, a la operación abyecta y, además, como hombre pendiente de su jubilación, se ha dedicado a lanzar operaciones en Indra, pero no a desarrollarlas.
Y todo ello incide en lo que, así lo hemos repetido en Hispanidad, representa el principal problema de Indra: aún no ha demostrado su capacidad industrial.
Eso por no hablar de que en el PSOE, cada día más sectario, le siguen considerando, en parte con razón, un hombre del PP.
Habrá que centrar el asunto: la ingeniería de armamento española va sobrada de ingresos, todos ellos procedentes de un único cliente: el gobierno. Pero, ¿cómo y en qué los empleará? Esta es la cuestión. Por el momento, ni tan siquiera está asegurado que pueda cerrar los contratos a los que se ha comprometido y que vencen en 2028.
La opción de nacionalizar la compañía ha quedado arramblada. Y mientras dure la burbuja bursátil provocada por un mundo en guerra, la operación aún resultará más difícil
Naturalmente, con este juego de egos, la mejor opción, la opción de nacionalizar la compañía (hablamos de una empresa de Defensa), ha quedado arramblada. Y mientras dure la burbuja bursátil provocada por un mundo en guerra, la operación aún resultará más difícil. Es decir, más cara.
La capitalización de Indra se ha disparado por expectativas, no por realidades. Hablo de 2028 porque en esa fecha cumplen un montón de los contratos anunciados a bombo y platillo en prensa. A ver qué pasa, porque los militares ya se quejan de retrasos en las entregas... y estamos en 2026.
Aún más: esos anuncios de contratos de futuro han sido jaleados de forma un tanto impúdica, por Joseph Oughourlian, propietario de 7% (creo) de Indra) y presidente del Grupo PRISA -El País y l SER- que jalean a Indra según los intereses de su presidente, editor y accionista.
Por cierto, seguimos sin saber a quien reporta el tal Oughourlian.
En todo caso, que Ángel Simón no sea ejecutivo supone un salida en falso para la guerra de Indra. Mal vamos.










