Hace unos días veíamos que las bajas laborales cortas se habían disparado un 154% desde que Sánchez está en La Moncloa, pero es que a eso sumamos que la duración media de las bajas supera ya los 50 días. Según los datos de las mutuas colaboradoras con Seguridad Social correspondientes al mes de mayo, publicados por CEOE, los procesos finalizados que correspondían a una contingencia común se habían alargado por una media de 51,37 días, lo que supone que la duración ha crecido un 20% de media solo en el último año.

España es el país con más desempleados de toda la Unión Europea y de la OCDE: hoy mismo recogemos el crecimiento del paro en el mes de julio.

En el entretanto, no podemos perder de vista el palo de la semana pasada de la OCDE con su denuncia: desde el Covid (2020), somos el tercer país donde más caen los salarios. La OCDE no da explicación ante el hecho de que los españoles cobremos menos: el aumento del coste de vida puede estar tras este fenómeno, pero hay otros datos que también pueden ayudarnos a entender esta realidad. Recuerden: un trabajador recibe solo 46 euros de cada 100 que paga la empresa... los otros 54 euros se los queda el Gobierno. 

Las cotizaciones son el mayor lastre para el empleo, sin embargo, no dejan de crecer. Así llegamos a la fórmula del desastre: los costes laborales escalando, el absentismo en máximo y los sueldos congelados. La vagancia está en récord en España, las bajas, el absentismo laboral y la caradura para no doblar el lomo no dejan de crecer. España no se puede convertir en un país de vagos, que buscan cualquier excusa para faltar al trabajo, porque la productividad es uno de los elementos más importantes para una economía sana… y para una sociedad sana.