Algo falla en el mecanismo procesal español cuando el mayor caso de espionaje privado, aunque llevado a cabo por un comisario llamado José Manuel Villarejo, contratado por empresas privadas, puede quedar en nada. Hablo del sumario Villarejo-BBVA, donde figura como imputado el anterior presidente del BBVA, Francisco González. Todo ello tras una instrucción de más de un lustro y un juicio oral que podría llegar hasta 2028.
Lo más importante que ha pasado en este tramo final de la instrucción es que la sala de Apelaciones ha decidido excluir el delito de cohecho impropio. Con ello las penas, tanto de cárcel como pecuniarias pueden reducirse, al menos, a la mitad.
Además, el juicio oral será a finales de 2027 o incluso en el 2028.
Todo ello para un inútil, como Villarejo, contratado por el BBVA para espiar a competidores, periodistas y a todo aquel que pudiera criticar a la cúpula del BBVA. Cúpula en la que ya figuraba Carlos Torres como consejero delegado, mientras el comisario seguía pinchando teléfonos para el banco.
Ahora bien, los palos en la rueda que Carlos Torres y el equipo Garrigues pusieron en la instrucción ha provocado que, al final, hasta el propio FG, para quien se piden más de 170 años de cárcel, algo así como cadena perpetua, y otros 12 directivos se sienten en el banquillo mientras Carlos Torres, insisto, entonces CEO de la entidad, quede exonerado.
El caso Villarejo-BBVA ha provocado otro cambio fundamental en la regulación bancaria europea: el buen gobierno ya no tiene mucho que ver con los tribunales. Vamos, que puedes ser un delincuente y continuar presidiendo un banco... y no lo digo por Carlos Torres
Por cierto, como explicamos días atrás, en el mejor estilo FG, su sucesor, hoy enfrentado a quien le nominó, ha cambiado a todo el equipo de dirección en vísperas de vacaciones. Pues bien, como ya hemos dicho en Hispanidad, resulta que Torres se ha librado de todo el equipo FG quizás porque, aunque las cosas van bien en los tribunales, está bien fiarse pero es mejor no fiarse.
Volvamos al caso Villarejo-BBVA: el juez instructor, Manuel García-Castellón ,se cansó de tantos palos en la rueda y no quiso encausar a Torres pero sí llevó al banquillo a la persona jurídica BBVA S.A.
Ahora bien, cuando Zapatero reforma el código penal y las personas jurídicas, por ejemplo, las empresas, pasan a ser sujeto penal, se inaugura una era de muy difícil concreción. Los que delinquen son las personas, no las instituciones. Si una S.A. es declarada culpable, ¿a quién llevamos a la cárcel, a todo el consejo de Administración, al presidente? Al final, el Tribunal Supremo decide que como desarrolle esa cuestión hasta el final, todo el IBEX acabaría en prisión, así que decide multar a la persona jurídica condenada, con multas en lugar de con años de cárcel.
Ahora bien, desde el momento en que la Sala de Apelaciones de la Audiencia Nacional ha suprimido en el sumario Villarejo-BBVA el delito de cohecho impropio, el caso ha dado un bajón. Las penas de cárcel y las multas podrían reducirse a la mitad... y el juicio oral podría celebrarse en 2028. Carlos Torres respira tranquilo.
Por otra parte, el caso Villarejo-BBVA ha provocado otro cambio fundamental en la regulación bancaria europea: el buen gobierno ya no tiene mucho que ver con los tribunales. Vamos, que puedes ser un delincuente y continuar presidiendo un banco... y no lo digo por Carlos Torres.
Lo más sorprendente de todo este megaproceso BBVA-Villarejo, que ahora parece venirse a abajo, es el silencio del Banco Central Europeo (BCE), aunque se trate de un caso que afecta de lleno a la reputación bancaria de uno de los grandes bancos europeos. Y no lo duden: Francfort hablará cuando ya se conozca la sentencia, es decir, cuando las ranas críen pelo. Y su dictamen será de una moralina tremenda, algo así como... "que no se vuelva a repetir".
El caso Villarejo-BBVA se queda en menos. Esperemos que no se quede en nada, porque espiar al competidor y a la prensa es una muy fea táctica comercial. Y sobornar a policías para hacerlo, tampoco está bien visto.
¡Y que viva el buen Gobierno corporativo!














