Tras la profunda reflexión del príncipe Harry -él y Meghan Markle no tendrán más de dos hijos por razones medioambientales-, la universidad londinense de Goldsmiths ha decidido prohibir la venta de carne de vacuno en cualquier establecimiento del campus a partir del próximo mes de septiembre. La medida, no es broma, pretende frenar el cambio climático. “Nuestro equipo y los alumnos se preocupan por el futuro del medio ambiente y están concienciados en ayudar a reducir la huella de carbono de manera inmediata”, ha afirmado la directora de la universidad, Frances Corner.

La tiranía climática se extiende peligrosamente y a toda velocidad. No ha pasado ni una semana desde que Naciones Unidas advirtiera del calentamiento global producido por el consumo de carne, y del mensaje regio de Meghan y Harry. Dentro de poco, los gobiernos aplicarán nuevos impuestos a los alimentos procedentes de las vacas y de los cerdos. Si les gusta la carne, vayan preparando la cartera.

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Por supuesto, nada tiene que ver el hecho de que el gigante de la alimentación Nestlé lanzara, a principios de abril, una hamburguesa vegana, y que ya se hable sin complejos de los beneficios para salud y, sobre todo, para el planeta, de la carne sintética que pronto dominará los supermercados de todo el mundo.

Greta Thunberg suena con fuerza para llevarse el Nobel de la Paz

Toda prohibición es poca y todo impuesto es insuficiente para luchar contra la emergencia climática que nos asola y que a algunos les ha provocado un profundo calentamiento mental. Por ejemplo, a Greta Thunberg, que atravesará el Atlántico en velero para asistir a la próxima Cumbre Mundial de la ONU (Nueva York). La joven no irá en avión porque emite mucho CO2. Greta suena con fuerza para llevarse el Nobel de la Paz. Se lo ha ganado. No obstante, a ver si un día de estos alguien le explica a la buena de Greta que el CO2 no es un contaminante en sí, sino un elemento indispensable para la vida en nuestro planeta.