Irene Hernández de Velasco, corresponsal en Roma de El Mundo, nos informa, con el entusiasmo que le caracteriza, sobre el octogésimo aniversario de Radio Vaticano.

Para ilustrarnos sobre tan gozoso acontecimiento, doña Irene relaciona las gigantescas antenas que la emisora utiliza para trasmitir con el aumento de casos de muerte por leucemia registradas en Cesano y la Storta, unas localidades de la zona. De hecho, y basándose en un estudio científico, un juez sentenció el año pasado que es posible que exista una correlación entre las ondas que emite Radio Vaticano con el incremento de los casos de cáncer en las poblaciones vecinas. Nótese que son las antenas clericales las que provocan cáncer, leucemia y probablemente mal de ojo -que es cosa temible- no las de la RAI, absolutamente inocuas.

Si desde Roma nos trasladamos a Madrid, debemos deducir, científicamente, que en la localidad de Pozuelo de Alarcón, no son las antenas de la SER -PRISA- ni las de Onda Cero -Planeta-, las que provocan leucemias y otras patologías a los pozueleros -y pozueleras, o vecinas miembras de Pozuelo- sino la cercana antena de la COPE, que emite perniciosas ondas electromagnéticas clericales, la subdivisión más tóxica de todas las ondas radiofónicas. Por cierto, la etérea perfidia vaticana se denuncia en el diario de don Pedro J. Ramírez, el analista estrella de la cadena COPE.

Uno comprende que a Cristo o se le ama o se le odia, nadie queda indiferente ante Él, pero, ¿es necesario que los progres comecuras sean los horteras?

Eulogio López

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