El que se esconde, especialmente para matar, es que algo tiene que esconder. Y esto vale tanto para bandas terroristas como para grupos guerrilleros. Los homicidas siempre matan en silencio. El presidente de Colombia, Juan Manual Santos (en la imagen), ha decidido negociar con la guerrilla FARC, que comenzó siendo marxista y ahora es una industria del secuestro, el narcotráfico y el homicidio.

Es un riesgo claro, porque los criminales ya se han apresurado a marcar territorio: ellos son los que tienen razón, los que están con los pobres, mientras el Gobierno democrático de Colombia son los imperialistas de turno. Encima, las conversaciones tendrán lugar en Cuba, un foro democrático de alcance.

Pero si hay una oportunidad de lograr la paz supongo que hay que intentarlo.

Al otro lado del Atlántico, en España, nos encontramos con el asunto ETA. A Mayor Oreja siempre hay que escucharle en asuntos de ETA. Ahora bien, también comprendo a Jorge Fernández, ministro del Interior, responsable de hacer cumplir la ley. En cualquier caso, ETA es una banda de terroristas, no llega ni a guerrilla. Y si ha dejado de matar no es porque no quiera es porque no puede. En esas circunstancias, lo que procede es endurecer la ley. La norma para atender a presos terroristas enfermos y la ley que ha permitido legalizar Bildu y otros grupos proetarras, norma en la que mi querido amigo Pascual Sala, presidente del Tribunal Constitucional, ha dado mucho que hablar.

No hay que darle facilidades a ETA ni a los proetarras: todo lo contrario.

Eulogio López

[email protected]